
El rodeo nació en la ganadería novohispana del siglo XVI como método para domar y clasificar el ganado, derivando de las faenas campiranas de los vaqueros mexicanos. Su práctica se consolidó como deporte y espectáculo charro en el México independiente, arraigándose como tradición nacional. Posteriormente, se difundió hacia el suroeste de Estados Unidos, donde evolucionó hacia estilos propios como el "rodeo estadounidense". Su influencia también llegó a países de América Latina, especialmente a Colombia, Venezuela y Cuba, adaptándose a sus contextos ganaderos y convirtiéndose en un símbolo de identidad y destreza ecuestre que perdura hasta hoy.