
El 10 de septiembre del año 2000, en el poblado costero de Cojímar, La Habana, nacía una idea en forma de programa que mostraría al mundo la esencia de los valores humanos. Allí se inauguraba más que una escuela , se formaba un ejército de jóvenes a quienes Fidel Castro encomendaría "el deber sagrado de demostrar todo lo que puede hacer una sociedad justa, solidaria y verdaderamente humana" .
Poco a poco la semilla se expandería por todo el país con su carga de amor y entrega. Ellos son, en palabras de su fundador, los "médicos del alma" , un nombre que no se otorga por un título universitario, sino por el oficio diario de curar, de tocar con sensibilidad ,las realidades de las familias cubanas .
Los tiempos que vieron nacer al programa fueron duros. La década de los 90 había dejado heridas profundas, y la Revolución necesitaba de personas que llegaran a cada familia,a cada barrio, a cada comunidad. La respuesta fue un programa de formación emergente que puso en las calles a más de 44 mil jóvenes, muchos de ellos en situación de vulnerabilidad, para que convirtieran su propia historia en una herramienta de transformación.
No ha sido un camino sencillo. La vida y la economía han golpeado duro en todos estos años , pero su vocación humanista los identifica y los mantiene firmes y dispuestos ante cada cada tarea.
Por eso el alma del programa late en cada barrio. Hoy los vemos en cada circunscripción ,y aunque en muchas ocasiones no hay algo material que ofrecer, si ofrecen su mano, su hombro a las familias que más los necesitan ,porque es allí, en el barrio, en la comunidad, donde encontraron su razón de ser .
"Tenemos la certeza de contar con un ejército dispuesto a no rendirse jamás", afirmó Ada Iris Velázquez, joven directora de Trabajo y Seguridad Social en el municipio . Esa certeza es la que se respira cuando un trabajador social acompaña a un niño desde el desamparo hasta la vida adulta, o cuando, sin más armas que la escucha y la empatía, logra transformar una situación que parecía no tener solución .
En estos 26 años, su misión se ha complejizado. Ya no solo entregan recursos de la asistencia social. Hoy son el puente entre las políticas del Estado y las necesidades más profundas de la gente. Participan en el diagnóstico de quienes necesitan cuidados, en la prevención del delito, y en la batalla diaria contra la desvinculación laboral y escolar .
LOs trabajadores sociales son, sin duda, una pieza clave en el engranaje de la justicia social cubana. Como bien los definió Fidel, son "el gran escudo" de una sociedad que no concibe dejar a nadie desamparado. Su crónica, escrita con tinta de entrega y amor, esa que, contra viento y marea, sigue latiendo con Cuba .




