Marlenis y su esposo Mario comparten la satisfacción de que su pequeña huerta les ayude en la alimentación familiar
Marlenis Velázquez Hechavarría siente satisfacción por los quehaceres domésticos que día a día lleva a cabo en su hogar situado desde hace doce años en el barrio calixteño de Jagüeyes.
Gusta Marlenis de cocinar, y hacerlo con calidad desde bien temprano, "aprovechando la corriente y aunque tenemos un panel y una Ecoflow voy al fogón porque para mí la cocinadera con leña sabe mejor, casi toda la vida ha sido así", me confiesa esta mujer curtida por el sol, con algunos inconvenientes de salud, madre de cuatro hijos, cinco nietos, unida en matrimonio con Mario Ávila Castellano hace más de cuarenta años y del que es al decir de él su mano derecha.
Mario labora en un pedazo de la tierra familiar y afirma que su amada está al tanto y ella le recuerda cómo están los cerdos del corral, de que si las aves, entre ellas gallinas y patos, comieron esta mañana y que al fin apareció la jabaíta que andaba por el barrio deambulando; y me pidieron, ahora que los visito, que les tomara unas fotos como de recuerdo, a un costado de la casa que han convertido en una pequeña huerta, donde el plátano burro y la yuca garantizan a la familia, una parte de la vianda.
Marlenis me recuerda que sus hijos crecieron y con el tiempo se independizaron, tomaron sus caminos, pero en su casa comparten los días con su madre de noventa años, Manuela Hechavarría Gómez, quien no estaba hoy pero que con algunos achaques de salud, coopera para mantenerse estable y lúcida. " Se sabe de los problemas que tenemos que los precios que hoy están altos y mañana ya subieron más, que los ladrones mantienen en tensión a las familias, pero por encima de eso lo que hay que hacer es trabajar y en nuestros casos de mujeres que vivimos en zonas rurales hay que colaborar con los esposos que trabajan la tierra, atenderlos de la mejor manera, estar al tanto de los animales, y echar palante, y quiero felicitar a esas otras compañeras que como yo vivimos en el campo."
Y este redactor se une al agasajo de la mujer rural, esas que en lugares, incluso intrincados, despiertan cada día antes de que se escuche el cantío del gallo madrugador y mucho antes de que aparezcan, en la infinitud del cielo, los primeros rayos del astro Rey anunciando un día más de bregar, en los campos calixteños.




