Vidal fue por muchos años trabajador del comercioVidal Molina Navas nació en Las Tunas y echó raíces en Calixto García, pero su verdadera patria la encontró sintonizando el dial.
El sonido inconfundible del bate de fresno golpeando la pelota resuena en su memoria, pero no es ese el ruido que realmente lo hace soñar. Para él, la verdadera magia comienza cuando gira la perilla del dial, la estática da paso al silencio por un segundo, y luego irrumpen las voces familiares de Radio Juvenil.
Nació bajo el sol ardiente de Chaparra en la provincia de Las Tunas, esa tierra donde el béisbol no es solo un deporte, sino una religión cívica. Desde la cuna, la pelota estuvo en su ADN; era imposible no respirar el olor a cuero y a tierra mojada en los estadios tuneros. Sin embargo, el destino —o quizás las circunstancias de la vida— tenía trazado para él otro escenario.
Aún de pantalón corto y con la infancia recién estrenada, su familia hizo las maletas y cruzó los límites provinciales para echar raíces en el municipio de Calixto García, en la vecina Holguín. Allí, entre el verde de los campos y el ritmo pausado de la vida rural, el muchacho creció. Y aunque en Calixto García también se respira béisbol, y las tardes se miden en jonrones y carreras anotadas en los polvos diamantes del municipio, su corazón comenzó a latir a un ritmo diferente, marcado por las frecuencias de la radio.
Si la pelota le enseñó a soñar con las grandes ligas, Radio Juvenil le enseñó a escuchar el mundo. No es un oyente más; es un devoto de la programación. Desde los primeros rayos de sol hasta que la noche cae sobre los campos calixteños, el receptor es una extensión de su oído. Le apasiona cada segmento, cada locutor, cada cuña, cada matiz de las historias que salen por los altoparlantes.
Mientras sus amigos discutían acaloradamente las jugadas y las tácticas de sus equipos favoritos, él prefería quedarse cerca de la radio, absorbiendo cada palabra. Para él, la programación de Radio Juvenil no es solo un acompañamiento; es un refugio, un amigo invisible y un testimonio de su propia vida. A través de las ondas hertzianas, él no solo se entera de lo que pasa en su municipio y en el país, sino que siente que es parte de algo más grande.
Hoy, su historia es un puente entre dos geografías y dos pasiones. Lleva en la sangre el orgullo y la garra tunera, y en los pies, el polvo y el amor de Calixto García. Pero si hay algo que define su esencia, es esa lealtad inquebrantable a la radio. Porque para este hombre, la vida puede resumirse en una sola y perfecta escena: un buen juego de pelota de fondo, y el dial, eternamente sintonizado en Radio Juvenil.




