Imagen tomada de InternetHace más de seis décadas, el béisbol cubano dio un giro histórico que marcaría para siempre su identidad colectiva. El 14 de enero de 1962, en medio de un entusiasmo popular sin precedentes, fue inaugurada la Primera Serie Nacional de Béisbol, un proyecto deportivo profundamente arraigado en los ideales de accesibilidad, patriotismo y soberanía nacional.

Fue en el entonces Estadio del Cerro —hoy conocido como Estadio Latinoamericano— donde el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, conectó el lanzamiento inaugural del primer juego oficial de esta nueva era. Con bate en mano y firme convicción, Castro no solo bateó la pelota, sino que simbolizó el nacimiento de un sistema deportivo al servicio del pueblo: amateur, inclusivo y alejado de los intereses mercantilistas del profesionalismo.

La idea surgió tras la desaparición de la Liga Profesional de Béisbol en 1961, como parte de una reestructuración integral del deporte en la isla. En lugar de equipos privados y contratos millonarios, se crearon selecciones provinciales que representaban a todo un territorio, fomentando el orgullo local y la participación masiva. Cuatro equipos compitieron en aquella primera campaña: Occidentales, Azucareros, Orientales y Habana. El campeonato culminó con la victoria de Occidentales, dirigidos por Fermín Guerra.

Más allá del resultado en el terreno, la Serie Nacional se convirtió en una escuela de valores, talento y disciplina. Generaciones enteras de peloteros cubanos —muchos de ellos surgidos de barrios humildes y zonas rurales— encontraron en este torneo la oportunidad de brillar con dignidad y sin necesidad de emigrar. Figuras legendarias como Urbano González, Braudilio Vinent, José Antonio Huelga, y luego estrellas como Omar Linares, Orestes Kindelán o Antonio Pacheco, pasaron por sus diamantes antes de convertirse en símbolos del deporte nacional.

Hoy, cuando el béisbol cubano enfrenta nuevos desafíos —entre ellos la fuga de talentos y la competencia internacional—, recordar aquel 14 de enero de 1962 resulta más necesario que nunca. Porque no se trató solo de un partido inaugural, sino del acto fundacional de un modelo deportivo que, con aciertos y errores, puso al pueblo en el centro del juego.

Como dijo Fidel en aquella jornada histórica: “El béisbol no es solo un deporte; es una escuela de carácter, de lealtad y de amor a la patria”.Y así, con la presencia de miles de aficionados en el Latinoamericano, Cuba escribió un nuevo capítulo en su historia… esta vez, desde el corazón del diamante.

 


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