Encuentro de poetas (imagen de archivo)Erasmo Figueredo con su guitarra, improvisaba guarachitas picantes, mientras atravesaba el sendero natural de  Loma de Manantiales. También lo escuchamos con historias de espiritistas en Los Itabos, en casa de Maximino Acosta, mientras el puerco se doraba en la púa. Así la fiesta que nació el 23 de diciembre de 2001en el cruce de Mir, junto a las aguas del río que desde Ojo de agua de Aguarás hasta el valle del Cauto, es el  que va hacia el mar.

Fue en la casa de los Acosta Almaguer, donde nació la peña que ya anda por los 24, y donde la nieta de mambí Alicia Gallardo Valdés supo colocar en su justo sitio dentro de la historia de Cuba a su familia, gracias a los testimonios recogidos en el libro Los robles de Mala Noche, publicado por Ediciones Holguín, en su colección Comunidad.

En aquella mañana de diciembre, en la casa de los Acosta, César Ohilder García, el compositor y excelente decimista del barrio de Janata nos invitó a su casa y así conocimos lo profundo de su poesía, nacida en el concierto de la estrofa nacional de los poetas cubanos.

Lourdes Sarrate evocaba el jagüey de su infancia en Mala Noche, y en su casa mireña nos enseñó sus recuerdos familiares, en esas fotos que ni el tiempo ni la lluvia han podido desteñir. Y es que  estamos armados de recuerdos y de instantes que no pueden desvanecerse.

Daysí Acosta, la maestra, afirmaba que su familia es la más poética de la zona, que incluye a tres generaciones, y desde su madre hasta sus nietos hay un jilguero incesante que enamora el paisaje y la belleza de la Cuba profunda, que es la de la poesía y de la música, siempre latente y lírica.

En Gibara la peña frente al mar. En río Cabonico la gracia de las aguas puras que bajan de Pico Cristal. Y atravesar el puente colgante para divisar la velocidad de las aguas que van al mar. De Gibara a Cabonico. De La Caridad hasta Jagüeyes. Y en San Agustín visitar a Sonia Paneque para descubrir a una genuina narradora. Y luego el almuerzo con tamales y chilindrón.  

En Mir ver los trenes pasar en el balcón del Rif, donde está abierta de par en par la casa museo de Lidia Doce.  Y en el balcón aquel, donde la Luna brillará Luis Ramírez, y esa misión de trovador, que es una de las bellas misiones para avivar al ser humano.

Adagio con Diego Labarta fue celebración de la plenitud de la música tradicional cubana con Joselín  Acosta, Roberto Santiesteban y la dicha de compartir siempre bajo un árbol.

Ramón Rodríguez supo definir la voz romántica de Buenaventura en esa conjunción entre la metáfora y el respeto, mientras vimos nacer sus poemarios publicados por Ediciones Holguín.  

Alicia cantaba el himno del 10 de octubre de 1868, y la paz se hacía al viento en ese mar de machetes empinados, mientras Romelia López, la narradora de El Jiquí cantaba una plegaria. Y entre recuerdos  fue adivinar la urgencia de esa compañía perfecta, que es la armónica. Y Osilio Agüero, el hombre orquesta de Buenaventura, daba sentido al equilibrio entre poema y música en el encuentro mensual que es abrazo fiel y sincero.

Mir sobre rieles, el libro testimonial que viaja en el tren de la historia, nació de esos encuentros, donde Heriberto Vásquez junto a los guerrilleros del llano hicieron posible que hoy  Mir sea la capital del  IV Frente Simón Bolívar.

Mirar atrás tiene sentido cuando lo que vemos, lo que amanece incesante y real es la vida, y es un sitio en La Tierra. Mirar atrás es una aventura de la conciencia y de las esencias, porque en el día de los abrazos, sea la evocación a los que buscaron entrar al espacio vivo de la Cuba de hondura  maternal, y todo gracias a la necesidad de conocernos, y de compartir emociones con quienes nos escuchan en la radio, en Vitrales. 40 años de Radio Juvenil. Y seguimos en la travesía, en el justo andar barrio por barrio para encontrar la esencia calixteña.

  

 


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