Imagen tomada de InternetEn las montañas del Escambray, la contrarrevolución intentó apagar la llama de la enseñanza asesinando al joven alfabetizador Conrado Benítez, símbolo de la entrega y la fe en un futuro distinto. Su vida truncada se convirtió en bandera, y su nombre, en semilla que germinó en miles de maestros y maestras que siguieron su camino.
Esa semilla también floreció aquí, en nuestro municipio, donde alfabetizadoras como Martha Sánchez y Gladys González, hoy jubiladas, dejaron huellas imborrables en generaciones enteras. Ellas, con tiza y cuaderno, con paciencia y ternura, hicieron de cada aula un espacio de emancipación. Su labor silenciosa fue tan heroica como la de quienes enfrentaron la violencia en los campos.
La historia no se detuvo allí. Con la creación del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, se levantó la segunda Revolución Educacional. Jóvenes llenos de sueños se convirtieron en maestros de maestros, multiplicando la enseñanza en cada rincón del país. Fueron herederos de Conrado y de todos los alfabetizadores que, con su sacrificio, demostraron que enseñar es también un acto de justicia.
Hoy, al recordar al joven mártir Conrado Benítez, y tener presente a las jubiladas calixteñas Martha Sánchez, Gladys González y a los integrantes del Destacamento Manuel Ascunce, no evocamos solo nombres: evocamos un legado. Un legado que nos recuerda que la educación es la verdadera arma de los pueblos, y que quienes la defienden con su vida y su vocación jamás estarán en el olvido porque su luz sigue encendida en cada niño que aprende a leer, en cada joven que descubre el poder de las palabras.




