Mausoleo en honor a la patriota holguinera Lucía Íñiguez Landín. Foto tomada de Internet.
Hablar de la mujer cubana es enardecer el ejemplo de valerosas mambisas que siguen acompañando a decenas, miles de holguineras. Una de ellas es Lucía Iñiguez Landín.
Es allí en el bosque de los héroes donde descansan los restos de la patriota holguinera , es allí donde se levantó un monumento en su honor , que sirve de fondo a la Plaza de la Revolución que lleva el nombre de uno de los más valerosos hombres de la gesta libertaria, el insigne mambí Calixto García Íñiguez, el General de las Tres Guerras.
Desde 1983 reposan allí los restos de Lucia bajo la escultura vertical de la bandera, en cuya parte frontal se extiende un velo desde su rostro con relieve en cobre identificando el paisaje cubano con palmas y montañas.
Y es que ese sitio huele a hidalguía y compromiso , es allí donde muchas madres enardecen de cubanía , y ratifican el deber de empinar a sus hijos para mantener sus firmes ideales en defensa de la Patria.
Es ese sitio orgullo de los holguineros , se mantiene vivo el legado de la madre que supo cuidar de sus hijos , y aportar toda una familia a la causa justa de la independencia de Cuba. Es revivir el legado de una valerosa mujer ,”madre amantísima y patriota ”, tal y como la definió el General de Ejército Raúl Castro Ruz.
Al conmemorar este 7 de mayo el aniversario 120 de la muerte de la luchadora holguinera ,estamos recordando a una mujer que desde las ideas, la rectitud y la firmeza supo acompañar a su familia y en especial a su hijo Calixto, en los momentos más difíciles.
Como no recordar hoy sus palabras cuando le dijeron que habían capturado a su hijo su hijo expresaba: ” yo no puedo creer que mi hijo
haya caído ni caerá jamás prisionero de las tropas españolas. Calixto es mi hijo, y por lo tanto, no debe rendirse!
Y luego, cuando le entregan el documento en el cual explicaban que el cabecilla insurrecto Calixto García, antes de caer prisionero, prefirió suicidarse disparándose un balazo debajo de la barba, sentenció, 'Entonces ese sí es mi hijo, muerto antes que rendido'
Lucía Íñiguez no vivió para ver a Cuba libre —falleció en 1897, un año antes de que su hijo muriera en Washington—, pero su ejemplo de entereza y amor a la patria trascendió. Hoy, Cuba y su Holguín la recuerdan con orgullo: una plaza y un museo llevan su nombre, y su figura se alza como símbolo de las madres que, desde la sombra, forjaron los héroes.
En cada rincón de Cuba, donde el eco de las guerras aún resuena, el nombre de Lucía Íñiguez sigue siendo sinónimo de valor, entereza y arrojo y sigue acompañando a las mujeres cubanas, porque no solo fue la madre de un general, sino también madre de la Patria.




