Alcides sigue ahí. Con más de nueve décadas de vida, pero con el corazón sintonizado, eternamente, en la frecuencia de Radio Juvenil.(Foto del autor)

Alcides Torres Velázquez, un campesino de recia estirpe que encuentra en Radio Juvenil su música, su escuela y su ventana al mundo.

El tiempo no pasa para Alcides Torres Velázquez; simplemente se acomoda en el balance de su casa, al ritmo de un buen trago de café y el mascar rítmico de su tabaco. Con más de noventa primaveras a cuestas, este hombre de procedencia campesina es un testimonio viviente de la Cuba profunda, esa que huele a tierra mojada, a leña encendida y a tradición.

Hombre de gustos firmes y carácter templado por los años, Alcides es un amante empedernido de la buena comida, de esos guisos que se cocinan a fuego lento y alimentan el alma. Pero si el paladar se deleita con los sabores de la campiña, su espíritu vuela alto gracias a una pasión sonora que late en su pecho: la música de órganos, la inconfundible música molida.

Para disfrutar de esos acordes que le erizan la piel, no necesita salir de casa. Le basta con encender su receptor y buscar la frecuencia de Radio Juvenil. Para Alcides, esta planta radial no es un simple aparato que emite sonidos; es un compañero de vida, un amigo invisible que le da la oportunidad diaria de abrazar sus amores musicales.

Sin embargo, la radio es mucho más que entretenimiento para este nonagenario. En la voz de sus locutores y en los espacios que conforman su parrilla de programación, Alcides encuentra una escuela abierta las 12 horas que está al aire. La emisora lo mantiene informado de los aconteceres del país y del mundo, y le instruye con esos programas que mezclan el periodismo útil con la sabiduría popular. A través de las ondas radiales, su mente se mantiene tan joven y despierta como su curiosidad.

Ahora, cuando las agujas del reloj de Radio Juvenil están a punto de marcar sus 40 años de transmisión ininterrumpida, Alcides siente un orgullo silencioso pero profundo. Sabe que ha sido testigo de la historia de la emisora, y que la emisora ha sido testigo de sus últimos y más dorados años de vida.

 

Mientras se acerca el aniversario de la planta radial, Alcides Torres Velázquez sonríe con la satisfacción tranquila de quien sabe que ha hecho las cosas bien. No es un oyente más; es uno de los más fieles, de esos que no cambian el dial por nada del mundo.

Y así, entre el sabor del tabaco de mascar, el recuerdo de una buena comida y los acordes de la música molida que inundan el patio, Alcides sigue ahí. Con más de nueve décadas de vida, pero con el corazón sintonizado, eternamente, en la frecuencia de Radio Juvenil.


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1 DE MAYO 2024

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