Un 27 de febrero de 1874 ocurrió la muerte del que por todos los cubanos es considerado “El Padre de la Patria”.

El domingo 18 de abril de 1819, en la villa de San Salvador de Bayamo nació Carlos Manuel Perfecto del Carmen Céspedes y del Castillo. Nació en un hogar de familia pudiente del Valle del Cauto y fue criado con todos los beneficios y comodidades propios de su linaje. Estudió en una pequeña escuela en Bayamo y luego pasó al Convento de Nuestro Seráfico Padre donde fue acogido por los frailes como un discípulo.

En 1829, con diez años de edad, entró al convento de San Domingo, donde estudió Latinidad y Filosofa. También, durante otros dos años, estudió Gramática Latina en el convento de San Francisco, de la propia ciudad. Luego se trasladó a La Habana a realizar los estudios superiores. El 22 de marzo de 1838 obtuvo el grado de Bachiller en Derecho Civil en la Real y Pontificia Universidad de La Habana.

En septiembre de 1867 comenzó a conspirar en Manzanillo, lugar donde residía, junto a Francisco Vicente Aguilera y Perucho Figueredo.  En Demajagua, su finca particular, al mediodía del 10 de octubre de 1868, arengó a los reunidos proclamando su determinación de Independencia o Muerte y proclamó la libertad de sus esclavos.

En la primera decena de abril de 1869 se dieron cita en el pueblo de Guáimaro, Céspedes y 10 miembros de su consejo con los miembros de la Asamblea de Representantes del Centro y de la Junta Revolucionaria de Las Villas, para discutir la formación de un Gobierno nacional. El día 11 quedó constituida la Cámara de Representantes y el 12 de abril, tomó posesión Céspedes de la Presidencia de la República.  Al asumir la presidencia Céspedes trazó estrategias para llevar la guerra a toda la Isla.

Pero le resultaba difícil el ejercicio de su gobierno debido al antagonismo de los miembros de la Cámara de Representantes, quienes le atribuían una actitud antidemocrática y dictatorial y el 27 de octubre de 1873, en el campamento de Bijagua fue depuesto como presidente por los representantes de la Cámara.

Después de la destitución de Carlos Manuel de Céspedes este fue obligado a acompañar al nuevo gobierno y a la Cámara durante dos meses. Tras la negativa de permitírsele salir al extranjero para visitar a su esposa e hijos, se le confinó a la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra.  Hacia allí se dirigió el 27 de diciembre de 1873, sin la debida escolta, pues el gobierno se la negó.

En la Sierra se dedicó a escribir y a enseñar a leer a los niños y el 27 de febrero de 1874 una columna española penetró sorpresivamente en San Lorenzo.  Céspedes acostumbraba a diario jugar ajedrez, visitar a algunos vecinos, enseñaba a leer y escribir a los niños y dialogaba con los campesinos de la zona. Una niña del lugar mientras se acercaba a la casa donde se encontraba Céspedes, descubrió la presencia de soldados españoles y le puso sobre aviso. Céspedes, empuñando su revólver salió del bohío y los españoles le persiguieron disparándole. Un capitán, un sargento y cinco soldados lo perseguían. Los españoles intentaban capturarlo vivo, pero Céspedes disparaba sin detener la carrera. Cuando lo tenían cerca, el sargento español Felipe González Ferrer intentó capturarlo y Céspedes trató de neutralizarlo. El sargento disparó a quemarropa y alcanzó en el corazón de Céspedes. Sin vida su cuerpo se despeñó por un barranco.

Céspedes no podía consentir que lo llevaran en triunfo los españoles, preso y amarrado como un vulgar delincuente. Hizo frente al enemigo con su revólver y murió como un bravo soldado. Así dejaba de existir físicamente, solo físicamente, el iniciador de la guerra de independencia en Cuba contra el gobierno español.  Su cadáver fue conducido a Santiago de Cuba, donde se le dio sepultura.


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