imagen de archivoHace unos años llegó a nuestra tierra calixteña un forastero. Venía con olor a humo de candil y leña quemada con aroma de café, como nosotros; hablaba alto y expresivo, como nosotros ; tenía la mirada noble y sin maldad oculta, como nosotros. Venía en busca de un sueño profesional que lo atrapó desde muy joven; quería y necesitaba un espacio donde cultivar su talento y no se equivocó. Radio Juvenil le abrió sus puertas y desde allí se ganó el cariño y el respeto de todos. Caminó calles y caminos, despertó el diálogo en un profesor o en un campesino, en un deportista o un intelectual, en una anciana o una muchacha, como aquella que le robó el corazón y lo acompañó para el resto de sus días; lo apoyó en cada paso, en cada triunfo y en los últimos meses de su tenaz valentía para enfrentar aquella letal enfermedad y arrancarle unos días a su existencia.