Nicolás Guillén tiene todavía mucho que hacer y qué decir. Su obra crece con los años ante la humanidad toda. Por eso, siempre habrá un sitio especial para quien este 10 de julio celebraría el 117 aniversario de su nacimiento.
El poeta camagüeyano es una gloria que emergió más allá de las fronteras nacionales, así lo refleja la altura de su poesía. Y es que ese reconocimiento proviene de una obra plena que representa la expresión genuina de la sensibilidad, el carácter, el proceso histórico y el espíritu combativo de un pueblo.
Como no recordar entonces a quien dio voz a los que carecían de ella, al que devolvió la palabra al negro, al mulato y al pobre, a quien convirtió en poesía las angustias, el dolor y las aspiraciones del pueblo y fue capaz de hacerlo con el rigor y la calidad de un clásico. Necesario es recordar a quien anunciaba desde el comienzo de su carrera la profunda transformación cultural que la Revolución podía llevar a cabo como una paloma de vuelo popular desplegando sus alas, animada por un pueblo finalmente soberano.
Su despegue suele situarse en el libro Motivos de son, que vio la luz en 1930, después su Sóngoro cosongo, luego con la aparición de West Indies, Ltd., en el que expresa brutalmente el conflicto entre el poeta y el medio en que entonces trabajaba y vivía. Su obra la eternizan poemas como “La Muralla,” que es todo un símbolo, donde “Si todos los hombres del mundo la mano se quisieran dar”, en el que los blancos y los negros se dan la mano para edificar una muralla inmensa "que vaya desde el monte hasta la playa" porque hay espacio para todos los hombres de buena voluntad.
“La muralla” es también un canto, donde quedan fuera el alacrán, el ciempiés, el veneno, el puñal, el sable del coronel, o sea, la maldad, la violencia, la guerra, el odio, la vileza. Dentro, se acogerán al corazón del amigo, la flor, la paloma, el laurel, el mirto, la hierbabuena, la amistad, la poesía, el encanto de la vida, y la paz.
En horabuena este homenaje a nuestro poeta nacional, a aquel que amó a la Revolución y a su Patria sobre todas las cosas, el mismo que imprimió una edición especial de su libro “Por el mar de las Antillas anda un barco de papel”, para donar ese dinero a los fondos del XI Festival de la Juventud y los Estudiantes. Reconocido por Fidel en varias ocasiones.
Tributo sí y bien merecido. Al creador insuperable y al hombre que jamás entregó sus principios, que no lo ablandó ni la fama ni la persecución, al militante inclaudicable y al autor de versos imborrables que sirvieron no solo para la denuncia social, sino para quien insurgió contra toda injusticia y toda discriminación.
Por ello reitero que Guillén tiene todavía mucho que hacer y qué decir. Su mensaje resulta aún más necesario porque Cuba tiene una misión insustituible, seguir siendo fuente de esperanza para los que luchan por salvar la vida y necesitan conquistar un mundo de justicia.
