Fotos del autor.“No tengo dudas de que mi vocación de músico la heredé de mi madre Hilda Peña Pozo, la que entonaba muy bien y tenía una afinación casi perfecta”.
Luis Ramírez Peña, el más prominente maestro de canto y guitarra de este municipio de Calixto García, nacido en Buenaventura el 3 de septiembre de 1950, recuerda que cerca de donde vivía, en el Cruce de Ramírez, estaba instalado el órgano de los Hermanos Marrero, y allí su vocación por la música fue tomando vuelo.
Cuentan amistades de la época, que con apenas siete años, era el centro de todo lo que oliera a fiesta en su vecindad.
Por decisión de su padre Federico Ramírez Torres, hijo del Comandante mambí de igual nombre, en 1956 se mudan para Mir, pero al producirse el ataque al cuartel de ese poblado, por seguridad de la familia regresan a Buenaventura. Al triunfar la Revolución, Mir les abriría los brazos nuevamente y de manera definitiva.
“Mi madre deseaba que aprendiera música, pero en los primeros años del triunfo ni soñar con una guitarra ni mucho menos con una academia. Cuando terminé el Servicio Militar, voy a un curso de promoción artística en Margodo, cerca de Velasco, allí conozco a mi primer maestro, Juanito Arjona González, natural de Bocas, una persona excelente, como amigo y como profesor, con él aprendí muchísimo”.
Al concluir allí entre los primeros expedientes, a Luis le ofrecen una beca en la Escuela de Instructores de Arte del Caney de las Mercedes, inaugurada por Ernesto “Che” Guevara. Cumplidos los dos primeros años en dicha institución y por necesidad del sector educativo, se integra al grupo de instructores que ya laboraba en el Plan de Escuelas en el Campo de San Andrés, fue entonces que comenzó su hasta hoy extensa y fructífera obra como pedagogo de primer nivel.
“Entonces sí se laboraba con intensidad, éramos una tropa guerrillera de verdad, yo atendía una matrícula cercana a los mil estudiantes, de las escuelas José Testa Zaragoza y Mario Martínez Arará. Allí había más de 20 aficionados al canto y poco más de 30 con inclinación a tocar guitarra. Era una labor con poco descanso, pero que disfrutábamos a plenitud porque había muchos festivales, además los miércoles recreativos eran inviolables y en cada actividad se presentaban nuestros pupilos y eso nos elevaba al cielo el ego como instructor”.
Fueron decenas los cantantes que, preparados por el profesor Luís Ramírez, participaron exitosamente en los más variados festivales, desde las respectivas escuelas hasta nivel nacional. Sin embargo, su más abarcadora obra como profesional de la enseñanza ha sido en su querido Mir.
“Mira yo nací en Buenaventura, pero mis huesos se quedarán aquí porque en esta tierra he formado en el canto y la guitarra a tantas niñas y niños, hemos armado tantos piquetes, desde Prospecto, Vértice, un coro de personas mayores con 12 guitarras acompañantes, el típico 17 de mayo, que llegó hasta La Habana, hasta llegar a Son Caliente, una agrupación insigne de este pueblo porque a los mireños les gusta mucho el baile”.
Al conversar con este hombre, que desborda notas musicales en su diálogo, conocimos de la nostalgia por aquellos formidables cantantes que, formados por él, hoy están lejos de la tierra amada. Así me habló de José Miguel que reside en Canadá; Julio González, en Estados Unidos y Kenia, que también vive en el extranjero.
“Óigame, Kenia Hernández era una fuera de serie, como lo son también, Yosilán Agüero, Ángel Cisneros, esté último que está ahora en la capital buscando el pase de nivel en guitarra clásica, y también son tremendos cantantes Dairon, Karla Sofía y otros tantos, que llenan mi alma de vida cada vez que los escucho”.
No hay dudas de que en Mir, Luis Ramírez Peña es un ídolo, un premio que nadie otorga, pero que se gana, y se gana a fuerza de pasión y constancia.
Amante del filin, y de la música de la Década Prodigiosa. Fiel seguidor de intérpretes como Beatriz Márquez, Elena Burke, Omara Portuondo, José José y Marco Antonio Solís, el “flaco” Luis Ramírez se acerca a las siete décadas de vida, dejando a cada paso una huella de buen hacer, como muestra de lo que es: un juglar iluminado.
