Actual escuela primaria ubicada en el barrio de Jagüeyes (Imagen de archivo)El territorio del actual municipio Calixto García, hasta 1963 parte del antiguo municipio de Holguín, conformó su población con una mezcla de algunas familias españolas y criollas blancas, un grupo no numeroso de esclavos y un puñado de descendientes aborígenes.
Esta mixtura humana permitió un encuentro étnico que se extendió por varios años y de ella empezó a formarse, gradualmente, un campesinado con hábitos y prácticas vinculadas a la actividad agroganadera, fundamental renglón económico en la zona, junto a la crianza porcina, favorecidos por demandar pequeños componentes de capital y poca fuerza de trabajo, en una economía de apropiación individual y de producción para consumo interno, realizada con escasa presencia esclava.
Para comunicarse, las escasas familias solo podían hacerlo a caballo por los tortuosos caminos, elemento que dificultaba las relaciones sociales y limitaba que los niños asistieran a la escuela. De hecho, la enseñanza llegaba solo en la práctica diaria de contacto directo con la tierra, en un ambiente representado por el trabajo y la reclusión en el hogar desde que anochecía.
Se desconoce dónde se edificó la primera escuela en la etapa colonial en este territorio, que pudo haber sido en San Agustín de Aguarás, el primer asentamiento estable de la zona.
De lo que sí se recoge evidencias es de una escuela organizada por los cubanos en una prefectura mambisas del área. Los prefectos que podían establecían escuelas y ubicaban a los maestros, pero fueron muy pocas las que se fundaron durante la guerra del 68, y en la conflagración de 1895 a 1898 se habilitaron algunos locales destinados a la educación primaria. Sería famosa la pequeña escuela de Mala Noche, donde la sobrina del prefecto: Consuelo Álvarez Valdés, luego conocida escritora y pedagoga, laboraba abnegadamente. Sin embargo, fue la dura práctica diaria y la experiencia de los más viejos lo que les dio a los habitantes de estos lugares el conocimiento práctico vital para sobrevivir.
Cuando terminó la guerra el municipio Holguín quedó fuertemente afectado por las operaciones militares y yacía en precarias condiciones socioeconómicas. La situación de la vivienda y la salud, en especial, eran deprimentes. Las deudas públicas eran numerosas, por citar un ejemplo, a los maestros se les endeudaba más de un año de haberes y por los campos deambulaban sin destino los niños víctimas de la reconcentración y las familias que habían trabajado en las prefecturas.
El municipio Holguín tenía para entonces más de 76 mil habitantes, de ellos 19 114 eran menores de 10 años y solo 1 096 asistían a la escuela y del total de la población solo sabían leer y escribir 12 264.[1]
El dato más alejado que hemos podido encontrar de estos primeros años referente a la educación, es por una noticia aparecida en junio de 1912 en periódico El Correo de Oriente, que informaba que la Junta de Educación de Holguín había nombrado maestra del poblado de San Agustín de Aguarás a Zoila Naranjo Urbino.
Unos años más tarde un vecino del lugar rememoraba:
Vinimos en 1935. El poblado era de 50 o 60 casas, no más. Había una pequeña escuela pública dividida en dos aulas, como era costumbre en la época ...
Posteriormente el poblado contaba con una escuela estatal y dos aulas de colegios privados: Montesinos, radicado en Holguín y Regil, de Las Tunas, además de una pequeña escuela de Artes Manuales, donde las niñas y adolescentes aprendían a tejer, bordar y cocinar. Pero la educación organizada en todo el territorio era precaria. Una noticia de 1923 daba cuenta de la falta de maestros:
El señor Secretario de la Junta de Educación, nos informa que en este distrito, se hallan vacantes las siguientes escuelas: Una para varones en San Agustín de Aguarás y otra en Melones, una mixta en Monte Alto […] y además la de La Caridad de Las Calabazas.
A lo largo de la Carretera Central, en los años cuarenta, se construyeron una serie de modernas escuelas, que incluían la casa del maestro, entre las localidades beneficiadas estuvo: Jagüeyes, Buenaventura, Las Casimbas y Las Calabazas; pero el asunto de la educación pública sobrepasaba la existencia o no de los edificios y la disponibilidad el maestro. Los niños de ocho o nueve años se incorporaban a trabajar con los padres en las labores agrícolas y no podían asistir a clases. Las niñas tampoco estudiaban por la misma razón o por prejuicios de los padres, que creían que las mujeres no lo necesitaban. Una muchacha del campo escribía: “…con decir el padre tú debes aprender a lavar, cocinar y atender el patio, ir a ver las gallinas y el cochino es lo que debe ser una buena mujer y nosotras con tristeza vemos nuestro porvenir oscuro y doloroso…”
En definitiva, antes del triunfo revolucionario de 1959 existían en el territorio una veintena de escuelas públicas, todas de la enseñanza primaria. Para continuar estudios, los alumnos que podían tenían que dirigirse a las ciudades de Holguín o Las Tunas.




