El Mayor cabalga lleno de bríos en la memoria de los cubanos

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Escrito por Roxana Hechavarría Torres
Publicado: 23 Diciembre 2020
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ignacio-agramonte-camagueyQuiso la historia que un día como hoy, pero de 184, naciera uno de los hombres más valiosos que ha parido la Patria, un cubano de aquellos que se forjó a fuerza de coraje y fuego, y que tuvo la manigua redentora como el más confortable techo, y como cobija, el viento frío de la noche mambisa. Nos referimos al Mayor General del Ejército Libertador Ignacio Agramonte y Loynaz.

Agramonte, quien protagonizó la lucha contra el colonialismo español en el siglo XIX, nació en la ciudad de Camagüey, llamada entonces Puerto Príncipe, el 23 de diciembre de 1841, en la casa marcada con el número 5 de la calle Soledad, que hoy lleva su nombre.

A este cubano digno no le importaron las bondades de una vida acomodada, ni el reconocimiento social de que disfrutaba por su cultura, para entregarse por entero a la emancipación de su tierra, para defender con grandeza y honradez su amada patria.

El Mayor, como también se le conoce, fue uno de los líderes más sobresalientes de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), pues organizó la célebre caballería camagüeyana, al frente de la cual alcanzó grandes victorias contra las tropas españolas.

En su fecunda vida militar participó en más de cien combates, y como jefe, supo combinar los principios de la táctica, con el difícil arte de la lucha en la entonces oriental provincia de Camagüey. Una de sus acciones más memorables fue el rescate del brigadier Julio Sanguily, en cuya misión, además de lograrse el objetivo, fueron aniquilados 11 soldados españoles y cinco fueron hechos prisioneros.

Sobre el hecho el propio Agramonte dijo: “Mis soldados no pelearon como hombres: Lucharon como fieras!”

El Comandante en Jefe Fidel Castro en ocasión del centenario de la caída en combate de El Mayor destacó la significación histórica del rescate del brigadier Sanguily, y expresaba: “Ha pasado a la historia como una de las más extraordinarias acciones de armas; un hecho que levantó el ánimo en el campo cubano en momentos difíciles, que electrizó prácticamente a todo el mundo (...)”

¿Y cómo no recordar en esta fecha, la conmovedora historia de amor de Ignacio, con Amalia Simoni?, su esposa, y coterránea, de cuna tan ilustre como la del Mayor, y con méritos revolucionarios y patrióticos a la altura de las de él, quien a solo cuatro meses de casada siguió a su esposo hacia el campo de batalla.

Martí, en 1888, en el periódico “El Avisador Cubano de Nueva York”, refiriéndose a Céspedes y a Agramonte, afirmó que solo los extraños, los ambiciosos o los pedantes podían mencionar el nombre de ambos sin temblar: los buenos cubanos, no. Debían reverenciarlos y respetarlos.

Por eso, sirvan estas líneas para reverenciar y respetar al Mayor, quien a 179 años de su natalicio cabalga lleno de bríos en la memoria de los cubanos.