Condenar la injusticia desde el corazón de la inocencia

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Escrito por Roxana Hechavarría Torres
Publicado: 27 Noviembre 2020
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estudiantes de medicinaTranscurría el mes de noviembre de 1871, aquellos jóvenes inocentes vestidos de hidalguía, nunca imaginaron que formarían parte de uno de los capítulos más tristes y abominables de la historia patria.

Ocho estudiantes eran conducidos hacia la explanada de La Punta para fusilarlos por el supuesto crimen de dañar el panteón del periodista Gonzalo Castañón, un frenético anticubano muerto un año antes. El proceso judicial se desarrolló en apenas 24 horas, cuya génesis resultó la denuncia del celador del cementerio de Espada en contra de 45 alumnos del primer año de Medicina.

De ellos, seis fueron liberados de los cargos y 31 permanecieron tras las rejas por distintos períodos de tiempo. Sin embargo, Alonso Álvarez de la Campa y Gamba (16 años), Anacleto Bermúdez y González de Piñera; Eladio González Toledo, José de Marcos Medina, Augusto de la Torre Madrigal (20 años cada uno), Ángel Laborde Perera, Carlos Verdugo Martínez (17 años cada uno) y Juan Pascual Rodríguez Pérez (21 años) no corrieron tanta suerte porque los hallaron culpables.

Eran las 4:20 de la tarde de aquel 27 de noviembre de 1871, cuando Cuba se estremeció con los disparos en la planicie ubicada frente al Castillo de los Tres Reyes del Morro, ocho universitarios inocentes, puestos de rodillas, con las manos esposadas, fueron ejecutados de dos en dos.

Ellos no profanaron la tumba del reportero peninsular Gonzalo Castañón, como falsamente se les imputaba, solo participaban de la alegría de su juventud; pero el fusilamiento dejaba claro un objetivo: escarmentar a la población para frenar el sentimiento libertario. Pero el efecto resultó todo lo contrario. Tanto el crimen como los juicios sumarísimos que le antecedieron propulsaron mucho más los ideales de libertad en Cuba, presa en aquel entonces del yugo español.

Han transcurrido 149 años desde entonces y el crimen, calificado como uno de los más sangrientos y dolorosos de la historia patria, permanece latente en la memoria de los cubanos. Por ello cuando la dignidad de la Medicina cubana brilla en el mundo, se recuerda con más fuerza a los 8 estudiantes, y se condena una vez más, la injusticia que desgarró el corazón de la inocencia.

Retomemos entonces, las palabras de José Martí en su discurso “Los Pinos nuevos” cuando refiriéndose a ellos con particular decisión, expresó: “…la muerte da lecciones y ejemplos, la muerte nos lleva el dedo por sobre el libro de la vida: ¡así, de esos enlaces continuos invisibles, se va tejiendo el alma de la patria! Cantemos hoy, ante la tumba inolvidable, el himno de la vida.”