Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. Foto tomada de cmkc.cuEl asalto al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, no fue un asalto para alcanzar el poder, fue el primer paso de un grupo de jóvenes decididos para arrebatarle las armas al ejército y dárselas al pueblo para iniciar la Revolución.
Según ha dicho Raúl y corroborado el propio Fidel, este no contaba entonces con una organización que respondiera a esos proyectos y estuviera comprometida con ellos, pero confiaba en que tras la acción se presentara de manera voluntaria gente dispuesta a comenzar y dirigir una revolución. La acción del Moncada sería el motor pequeño que permitiría arrancar el motor grande: la revolución con la participación de todo el pueblo.
TIEMPO ANTES
El gobierno de Carlos Prío Socarras casi finalizaba. Era un gobierno que, como los anteriores, no tenía prestigio alguno debido a su sumisión a los intereses norteamericanos, signado por el robo a las arcas públicas, la persecución al movimiento obrero, a la prensa que se atrevía a decir la verdad, y por el asesinato a líderes opositores.
El pueblo estaba descontento, pero espera un cambio en las próximas elecciones generales, que ya se estaban preparando.
El Partido Ortodoxo, con gran influencia en la pequeña burguesía, era mayoritariamente apoyado. Su líder, Eduardo Chibás, tenía gran carisma y una gran parte del pueblo creía en él. Otros partidos que irían a las elecciones eran el Partido Socialista Popular (PSP), con gran base obrero-campesina, y el Partido Acción Unitaria (PAU), creado por Fulgencio Batista con sus adeptos.
PANORAMA
Muerto ya Eduardo Chibás, el PSP acuerda respaldar al Partido Ortodoxo en las próximas elecciones generales. El PAU no tenía ni remotas posibilidades de alcanzar el triunfo en ellas. Es así que, 82 días antes de las elecciones, el 10 de marzo de 1952, se produce el golpe de Estado encabezado por Fulgencio Batista.
La indignación fue general; las masas salieron a las calles y pidieron armas para defender al presidente constitucional, pero Carlos Prío le dio la espalda al pueblo y huyó cobardemente. Vendría la crisis política. El Partido Ortodoxo no estaría exento de ella. Muchos de sus dirigentes oficiales hicieron evidentes sus debilidades, sus verdaderos propósitos, sus ambiciones. Ya nada tenían que ofrecer al pueblo. Sólo unos pocos, sobre todo jóvenes, se mantuvieron con las manos limpias. Uno de esos militantes era el joven abogado Fidel Castro Ruz.
Meses más tarde, al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Chibás, se dieron cita en el Cementerio de Colón miles de jóvenes y simpatizantes del desaparecido líder y es allí donde y cuando circula uno pequeño periódico mimeografiado, titulado El Acusador, el que había sido dirigido, y escrito en su mayor parte, por Fidel Castro. En él se denunciaba la actitud de algunos elementos del Partido Ortodoxo y resaltaba la postura asumida por las masas de la misma organización.
"El momento es revolucionario y no político. La política es la consagración del oportunismo de los que tienen medios y recursos. La revolución abre paso al mérito verdadero, a los que tienen valor e ideal sincero, a los que exponen el pecho descubierto y toman en la mano el estandarte. A un partido revolucionario debe corresponder una dirigencia revolucionaria, joven y de origen popular que salve a Cuba", decía Fidel en el editorial.
Luego, el 28 de enero de 1953, de la escalinata de la Universidad de La Habana parte una imponente manifestación en la que participan estudiantes, obreros, empleados y otros sectores de la población. Al frente estaba Fidel; le acompañaban algunos de los jóvenes que ya integraban el Movimiento de los que estaban dispuestos a no dejar morir al Apóstol en el año de su centenario.
En ese momento ya Fidel tenía decidido que el motor pequeño para echar a andar el grande, la revolución, sería la toma del Moncada, en Santiago de Cuba, la fortaleza militar más alejada de la capital. El ataque al "Carlos Manuel de Céspedes", en Bayamo, sería una acción de contención de suma importancia. La estrategia era tomar el cuartel Moncada y entregar las armas al pueblo para comenzar una verdadera revolución.
En tanto, la tiranía batistiana continuaba asesinando a revolucionarios y a hombres honestos por el solo hecho de manifestar su opinión contraria a la dictadura; los ametrallamientos a lugares y poblaciones, los atropellos sin nombre.
El camino hasta llegar al Moncada no fue nada fácil. Además de las carencias de dinero y pertrechos tuvieron que vencer hostilidades, subestimación, desprecio y burla de muchos que se decían "opositores de Batista".
LA MAÑANA DE SANTA ANA
Así llegó el día señalado: 26 de julio de 1953, un día en que Santiago de Cuba estaba en pleno apogeo de sus carnavales, por lo que era difícil de distinguir a tantos visitantes.
Los Jóvenes del Centenario se lanzaron a la conquista del objetivo. El factor sorpresa fracasó y la acción no se pudo completar. En el combate cayeron unos pocos, de ambos lados, pero, luego fueron asesinados los revolucionarios hechos prisioneros.
Fidel, de acuerdo con los planes para seguir la lucha en las montañas si fracasaba la toma del Moncada, se dirigió de nuevo a la granjita Siboney. Allí se reunió con un grupo que había hecho lo mismo y los que quisieron lo siguieron a las montañas. Estaba dispuesto a continuar la lucha; a echar a andar el motor grande de la revolución. La persecución fue feroz; muchos de los compañeros que cayeron en manos del ejército fueron asesinados. Una semana después, en las estribaciones de la Gran Piedra , fue sorprendido y apresado Fidel. Le salvó la vida la dignidad de un militar negro: Pedro Sarría.
EL PROGRAMA
El asalto al Moncada no había sido una acción para quitar a Batista y sus compinches del poder, era una acción para dar inicio a una acción transformadora, a una verdadera Revolución, con un programa martiano, para poner fin a la miseria, el desempleo, la insalubridad, el analfabetismo, la incultura, la opresión extranjera, que trasformara todo el régimen político y económico-social.
Proclamaba aspectos medulares: el problema de la tierra, el de la industrialización, el de la vivienda, el del desempleo, el de la salud y el de la educación del pueblo.
Y, el Programa del Moncada, como después se conocería, no quedó olvidado allí, porque como todo motor de combustión, el pequeño que arrancó en el Moncada tuvo sus fallos, pero no se apagó y generó energía para echar a andar el grande: la revolución que continuó con la lucha clandestina, el desembarco del yate Granma, la guerra en la Sierra Maestra , en llanos y montañas del país; que hizo posible el triunfo revolucionario del Primero de enero de 1959 y generó una Revolución que ha transitado por más de 50 años.
Bibliografía:
Castro, Raúl. VIII Aniversario del 26 de Julio. Artículo publicado en la Revista Fundamentos. Año XXI, no. 175, junio-julio de 1961. La Habana. Y reproducido por la revista Cuba Socialista, 3ra. Época, no. 49, octubre-diciembre del 2008. La Habana.
Ramonet, Ignacio. Cien horas con Fidel. Segunda Edicion. Revisada y enriquecida con nuevos datos. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana , 2006
Rojas, Marta. La Generación del Centenario en el juicio del Moncada. Editora de Ciencias Sociales, La Habana, 1973
Recopilación. Moncada: La acción. Editora Política, La Habana , 1981
