La extraordinaria decisión de Carlos Manuel de Céspedes de darle la libertad a sus esclavos e invitarlos a luchar por la independencia de Cuba, sin importar desposeerse de sus bienes y riquezas, hace que nos detengamos el 10 de octubre de cada año a analizar este hecho convertido en indiscutible ejemplo de altruismo.
La impronta de Céspedes va más allá de libertar a sus esclavos, pues también es válido tener en cuenta que él pierde su casa el 12 de enero de 1869 durante el incendio de Bayamo, y luego prefiere que maten a su hijo Oscar antes de abandonar la lucha.
Céspedes lo dio todo por la Revolución
El profesor calixteño Yandy Caballero considera que a la hora de tratar en profundidad el hecho es necesario apreciar el aspecto humano y la verdadera dimensión del sentimiento independentista que nació en el oriente y luego se extendería al resto del país.
Su condición de Padre de la Patria no está dada solamente porque haya perdido a su hijo, ya que el mérito fundamental de Céspedes es haber sido el primero de todos los héroes del momento, en apostar por la libertad, emancipando a sus esclavos, lo cual constituye, al mismo tiempo, una muestra fehaciente de unidad.
En diálogo con Pedro Bruzón Sosa, historiador del municipio, recuerda las palabras del Padre de la Patria cuando expresó que: “Si el poder de España nos parecía tan grande es porque llevábamos siglos mirándolo de rodillas”. Las mismas encierran la trascendencia del pensamiento de este hombre en la historia nacional.
Influencia del 10 de octubre en la historia local
Cuando hablemos de un hecho tan relevante como lo fue el 10 de octubre de 1868, que constituyó el punto de partida para lograr nuestra soberanía, no podemos perder de vista la influencia de aquellas acciones en la historia local.
Pedro Bruzón señala algunos hechos que demuestran el despertar del movimiento revolucionario en la zona. “Desde septiembre de 1868 en El Mijial, territorio ubicado en el actual consejo popular de Mir, donde radicaba una finca inmensa que se extendía desde la región de Bayamo, ya se encontraba levantado en armas Luis Figueredo Cisneros, perteneciente al movimiento revolucionario de Manzanillo”.
Entre las causas que provocan este alzamiento del 10 de octubre, comenta el historiador, están los altos impuestos que cobraba el gobierno colonial a los cubanos. Precisamente, Luis Figueredo captura a un cobrador de impuestos, y posteriormente lo ejecuta bajo consulta a sus superiores en la zona de Bayamo.
De acuerdo con Bruzón, a Luis lo acompañaban en su hacienda unos 200 hombres, quienes esperaban que se produjera este grito independentista.
Pedro Bruzón, historiador del municipio de Calixto García. Foto: AleagaDurante mucho tiempo se dudó que este Mijial fuera el del actual territorio del municipio de Calixto García, sin embargo cuando ocurre el fusilamiento del norteamericano Henry Reeve en Las Calabazas, y luego una vanguardia de Luis Figueredo se lo encuentra y lo llevan hasta su campamento, se corrobora que este Mijial no es el que se encuentra en la región de Las Tunas.
El alzamiento de los holguineros, con Julio Grave de Peralta al frente, se produjo el 14 de octubre, y para el 20 de este mes, aproximadamente, ya estaban en la zona, donde permaneció el campamento en innumerables ocasiones.
Cuenta la historiografía que Grave de Peralta se movía mucho de Buenaventura a la zona de Majibacoa, y de ahí a San Lorenzo, en el actual barrio de Los Itabos, donde hubo una suprefectura mambisa, la cual va a ser una de las mayores contribuciones de los calixteños al proceso independentista, aparte de los hombres que se unen a la guerra.
En la actualidad se impone contar la historia nacional y local, de manera que los estudiantes se motiven a descubrir los valores y los sacrificios hechos por los hombres y mujeres que la protagonizaron.
De ahí la necesidad de que en las escuelas se narren más las anécdotas, y se profundice en los sentimientos de los seres humanos que entregaron su vida.
Sin dudas, tales métodos permitirán despertar mayor interés de los alumnos por conocer los valores reales de nuestros héroes y mártires, y que los vean como verdaderos paradigmas para seguir su ejemplo y aspirar a ser como ellos.
Como aquel 10 de octubre de 1868, hoy las campanas del ingenio La Demajagua vuelven a repicar para indicarnos que no fue en vano el sacrificio de Céspedes y de quienes lo siguieron. Ahora corresponde a todos los cubanos preservar la obra que costó tanta sangre.
