Ermelinda junto a su nieta, bisnieta y tataranieto. Foto: Iraldo Leyva.Cada vez es más frecuente en nuestro país, encontrar personas que sobrepasen los ochenta, los noventa y hasta los cien años de vida.
Sin embargo, tanto en Cuba como en cualquier otra parte del mundo, es difícil localizar individuos que exhiban el rango familiar de tatarabuelos, es decir, abuelos de los nietos que ya también son abuelos o, lo que es lo mismo, aquellos que pueden disfrutar de las caricias o los berrinches de los nietos de sus nietos.
Generalmente, la añorada condición se consigue pasadas ya las ocho décadas de existencia terrenal, cuando sucede antes, decimos que estamos en presencia de un hecho llamativo o curioso.
Este es el caso de Ermelinda Espinosa Pérez, residente en el poblado de Buenaventura, capital de este municipio holguinero de Calixto García, quien con apenas 76 abriles, disfruta desde hace 14 meses de las tiernas sonrisas de su tataranieto Anthony, a quien protege y cuida junto a su familia, para que su bisnieta Yaimé pueda ejercer como profesora de danza.