Celia Sánchez.JPG"Se equivoca la muerte, Celia/ si cree acabar con tanta vida/ y se equivoca la vida/ si cree que te vence con la muerte"

Nunca será fácil referirse a Celia y menos aún pretender describir su esencia en breves líneas, pero decir su nombre es aunar los valores más puros y sinceros; es decir modestia, fidelidad, amor a la Revolución y a su pueblo.

Honda consternación y tristeza devino el 11 de enero de 1980, día en que el pueblo cubano sufrió la  pérdida irreparable de Celia Sánchez Manduley.
Había nacido  el 9 de mayo de 1920, en Media Luna, creció rodeada de conceptos humanistas  y al paso del tiempo se convirtió en la flor más autóctona de la Revolución.

Desde muy pequeña gustó como cualquier niña de corretear entre los charcos, de sacar peces de los estanques, de hacer una buena acción o una ocurrente broma. De su maestra, escuchó sobre las gestas heroicas de la manigua independentista y fue el recuerdo de aquellas luchas el que le acompañó cuando su padre puso el busto de José Martí en el pico Turquino, en plena Sierra Maestra.

Siempre preocupada por el bienestar de los demás trabajó en su etapa juvenil en un censo de los niños pobres de Manzanillo para garantizarles un juguete nuevo al menos una vez al año. Fue de las primeras mujeres en empuñar las armas. Su principal papel lo desempeñó en la preparación del desembarco del Granma  donde organizó a los campesinos de la zona para que le ofrecieran apoyo a los expedicionarios.

El 19 de marzo de 1957 sube a la Sierra Maestra y se incorpora como combatiente al Ejército Rebelde. Fue la principal promotora de la creación del pelotón femenino “Mariana Grajales”. Junto a Fidel participa en diversos combates y marcha en la Caravana de la Victoria

La solidaridad humana era algo imprescindible en su vida, el amor a su pueblo, a los campesinos y a los niños, por quienes sentía una gran pasión. No se puede hablar de ella sin citar la verdadera devoción patriótica con que siempre siguió las orientaciones de Fidel.

Era una ávida lectora. Vivía la historia, sufría los sacrificios por los que ha pasado la humanidad, las vicisitudes del Tercer Mundo, el hambre de los pueblos. Celia se entregó generosamente al bien de los otros, al amor que sentía hacia los más humildes. Recordar a la Flor más autóctona de La Revolución Cubana, calificativo que le diera Armando Hart, viene bien al inmenso mérito de su modestia.