Identificado con un proyecto social para los humildes, Fidel Castro concibió el Moncada en cuyo programa se reconocía el problema de la tierra como causa de los males que aquejaban a arrendatarios, aparceros y jornaleros agrícolas, víctimas de la discriminación social y el desalojo.
Luego del fracaso militar del Moncada, vino el Granma y tras los sucesos de Alegría de Pío, en los campesinos del lomerío encontró Fidel una guía y protección para esquivar la persecución del ejército batistiano.
Sin dudas, el campesinado constituyó una de las bases sociales que nutrían al Ejército Rebelde, ocupantes de importantes cargos en la guerrilla.
No por casualidad una de las preliminares y más importantes medidas de la Revolución resultó la Primera Ley de Reforma Agraria, que hizo dueño al campesino de la tierra que labraba y desencadenó profundas transformaciones económicas y sociales en el campo.
Tras el avance sostenido de la Revolución, vino la Segunda Ley de Reforma Agraria que dio respuesta decisiva al problema de la tierra y abrió las puertas a ulteriores transformaciones que consolidaban el papel de los campesinos como aliados y beneficiarios del proceso revolucionario.
La fundación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) ofrecía sostén a las bases ideopolíticas del movimiento cooperativo desde donde se gestaban revolucionarias transformaciones sociales que dignificaban al campesinado.
No hubo congreso de la ANAP en el que no estuviera presente el máximo líder de la Revolución, cuyos pronunciamientos principales sintetizan con clara vigencia la convocatoria a una mayor producción. De esos importantes encuentros trasciende a nuestros días aquella memorable sentencia: El deber patriótico número uno del campesinado cubano es producir alimentos para el pueblo.
Este llamado que llevaría al campo maquinarias y tecnologías, sintetiza el legado de Fidel en el quehacer del campesinado, el que adquiere mucho más vigencia en este contexto de conmemoración del tercer aniversario de la desaparición física de quien sigue siendo el principal inspirador en los actuales y nuevos desafíos de la Revolución.
