Monumento erigido en la plaza de la Revolución de Bayamo a Perucho Figueredo. Foto: Rafael MartínezAquel 17 de agosto de 1870,se cumplió la feroz sentencia, ya frente al pelotón de fusilamiento en el viejo matadero de Santiago de Cuba, Perucho Figueredo tuvo todavía fuerzas para gritarle a los enemigos españoles: ¡Morir por la Patria es vivir!
La descarga de fusilería apagó aquel grito, Perucho se desplomó y su corazón dejó de latir. Pero su ejemplo y el encanto de su himno, 149 años después, siguen llamando cada día al combate, para que la Patria siempre os contemple orgullosa.
Esa melodía es un llamado al combate y un canto a defender la paz, así nació La Bayamesa, la Marsellesa de los cubanos, la misma que el 20 de octubre de 1868, tendría letra y en una de sus sublimes estrofas afirmaría que morir por la Patria es vivir.
De boca en boca fue cantado en la manigua redentora, y de sus seis estrofas iniciales, quedó en las dos que entonamos con orgullo de cubanos agradecidos. Desde entonces, cuántas veces se ha escuchado en momentos cumbres de nuestra historia. Tan cubano y tan patriótico. Y es que el himno compuesto por Pedro Figueredo no es más que eso: cubanía, rebeldía patriótica, llamado al combate.
Así es el Himno, nuestro Himno nacional, porque así era Perucho. Luego de su muerte, sus restos fueron depositados en una fosa común, en un lugar desconocido, pero en el cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, se le venera simbólicamente en el monumento a los mártires independentistas del Virginius.
También en su Bayamo natal existe un monumento en su memoria, pero el mejor homenaje a tan insigne revolucionario se le hace todos los días cuando un niño, un joven, o cualquier cubano digno de esta Isla, entonan con devoción las bellas y patrióticas letras de su himno de combate, de su Bayamesa.
