padres-diaNo sé a ciencia cierta si es el idioma o el habla los que han impuesto la norma, en ocasiones discriminatoria, pues para referirse a los dos progenitores se suele utilizar la palabra padres.

A lo mejor los lingüistas se ponen de acuerdo un día y deciden que el padre es el varón y la madre la hembra, pero hasta la fecha, el carácter genérico del idioma se impone.

Y no crean que nosotros, los padres, tengamos privilegios en las ordenanzas hogareñas. Conozco de muchos que luego de la ruptura matrimonial, los hijos son de la madre, a contrapelo del padre. Ellas los instruyen, educan, orientan, los miman y les buscan la ruta de salida al mundo, la mejor, según comentan y afirman.

Y nosotros qué, preguntamos con un tono de alarma, ¿no podemos dar una opinión, una sugerencia, o es que no vale nuestro razonamiento? Algunos con cierto tono de humor expresan que “son ellas las matronas, las que dicen lo que vale es lo que digo y ya”.

Y es que para ser padres, y con el permiso del término, se necesita del concurso de ambos, los hijos no nacen si no hay un padre que los engendre, y tampoco si no hay un vientre materno que los acoja. Entonces, ambos somos necesarios, pero también para echar a andar en la vida a nuestros sucesores. Tener un hijo es gigantesca responsabilidad compartida, que nadie lo dude.

De ahí que padre no es cualquiera, es la realización de un sueño, es la felicidad mayor, la alegría que inspira sentimientos nunca antes expresados, es el júbilo que logra colocarse en lo más hermoso del ser humano, no tiene paralelo en la concepción del mundo, de ahí en adelante somos más sensatos aunque en ocasiones compartimos juegos como si fuera la añoranza de nuestra primera infancia.

Felicidades a esos que contribuyeron a engendrar retoños, a esos que con una responsabilidad mayúscula dan amor y se entregan para formar a sus hijos como seres humanos útiles, orgullo de un mundo mejor.