Locales

Mercedes_Velazquez_mujer_ruralMuchos aún duermen cuando ya ella se encuentra en pie. Podría decirse que hace magia o que sus jornadas tienen más de 24 horas, pues solo así lograría tanta eficiencia. El aroma matutino del café le inyecta las primeras energías para iniciar una nueva jornada, pues desde que era casi una niña esta sencilla mujer convirtió al surco en el mejor escenario para representar la obra de la vida.

Junto a sus hermanas tomó del campo los mejores colores para su vestido de gala, permitió que los rayos del sol bañaran su piel, pues esa fue la herencia que les legó su padre. Pese a que muchos aseguran que este es un trabajo demasiado complejo para una mujer, ella demuestra día a día que no es imposible.

Se va al campo toda la mañana, solo hace un alto al mediodía para atender a la familia y en la tarde regresa a la tierra. No importa si va a sembrar, a desyerbar o a recoger el fruto de su trabajo, siempre viste de forma sencilla y no pierde ese don especial que, para muchos, solo está presente en las mujeres.

Que exige mucha dedicación y sacrificios no lo niega, pero no se imagina lejos de los cultivos. Cuando llega la noche su cuerpo está exhausto, pero cuando siente el primer cantío del gallo encuentra suficiente incentivo para volver a levantarse.

Del campo le gusta todo, pero su mayor satisfacción radica en ver brotar la semilla que había puesto a dormir con anterioridad, pues para ella el más valioso regalo del surco radica, precisamente, en regalarle un buen cultivo de lo que ha abonado con su trabajo.

Así transcurre la vida de Celia Rojas, una mujer de campo que rinde digno tributo a su nombre y demuestra que el sudor impregnado de amor es el mejor abono que puede recibir la tierra.

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