Fotos: Yanelis Martínez.Todos los miraban a su paso. Aquella brigada juvenil llamaba la atención. Subieron las escaleras. Llegaron hasta la sala de pediatría del hospital municipal. Traían en sus manos una dulce sorpresa para los pequeñines hospitalizados. Eran los jóvenes del Comité de Base de la Productora de Alimentos, quienes querían festejar el 4 de abril con estos infantes.
Con ellos venía también la payasita Voltereta. Venía cargada de canciones, bailes, juegos y cuentos infantiles. Con su magia convirtió a una pequeña en Caperucita Roja e hizo a grandes y chicos recorrer su mundo de fantasía.
¡Imagínese que el doctor Ramiro, director del hospital, se convirtió en el lobo que quería devorar a Caperucita, el chivito que pretendía casarse con la Cucarachita Martina hasta terminar como el Ratoncito Pérez!
Tras las risas y el disfrute fue el momento para entregar presentes a los niños. Así los varones de menos edad se alistaron para convertirse en jinetes de coloridos caballitos, mientras los mayorcitos recibieron obsequios para verse más guapos. Las niñas podrán jugar a las casitas con bebés chiquitines y lucir bonitos peinados con felpas y cintillos recibidos esta tarde.
Y como en toda fiesta no faltaron los dulces. Cake, refresco, caramelos, galleticas, mantecados formaron un menú que degustaron entre jaranas, sonrisas, mientras padres y familiares continuaban tomando con sus móviles cada instante para conservar este momento de alegría.
Ese fue el caso de Tamara Rodríguez y su hija Jenifer Virgen Guerra Rodríguez, provenientes del barrio de Ojo de Agua, quienes dicen que disfrutaron la actividad, sobre todo la niña, aun sonriente por las ocurrencias de la payasita.
A ellas se une Maraicely Gallo Pérez, otra de los familiares que se encuentra en esta sala. Emocionada confiesa: “La actividad estuvo muy buena. Estamos muy agradecidos del colectivo que vino a darles ánimo a los niños que están enfermos aquí. Estoy muy contenta”.
Por su parte Voltereta, encarnada por la joven instructora de arte Yoana Carralero, asegura que “en todo momento pensé en hacerlos reír. Todos los niños tienen derecho a sonreír. Creo que los padres están contentos por este pequeño regalo que les hicimos”.
Entre tantos criterios y rostros aún iluminados buscamos el criterio del hombre que volvió a hacer niño, que habitó el cuerpo de varios animales para hacer reír a sus niños. Ese fue el caso del Doctor Ramiro Figueroa, para quien la tarde fue especial.
“Esta es una experiencia que debería repetirse con más frecuencia. Es un tratamiento, una terapia que nos ayuda mucho a que el estado de los niños mejore y sea más efectivo el otro tratamiento, el medicamentoso. Sin dudas, ha sido el mejor presente que ellos pudieron recibir en un día como hoy”.
Así la tarde continuó siendo una tarde especial. Los visitantes se marcharon, pero la sala quedó repleta de alegría, de risas infantiles que, sin importar el padecimiento que los afecta, recibieron la mejor de las fórmulas, el amor desinteresado que no busca más recompensa que una sonrisa infantil.
