Locales

pioneros1Si activamos la memoria no seremos pocos los que volveremos a vernos pequeños, formando una “M” en el patio de la escuela, a punto de vivir una emoción que nunca olvidaríamos. Ese día recibimos la pañoleta que nos convertía en Pioneros Moncadistas. Ese día juramos estar siempre alertas.

Y si continuamos en viaje en la máquina del tiempo llegaremos al momento en que el azul de la pañoleta se convirtió en rojo. Volveremos a vivir las acampadas, excursiones, el hacer y deshacer nudos, la recogida de la mochila del explorador con los ojos vendados.

De igual forma recordamos aquella Fuerza de Acción Pioneril (FAPI) en la que cada uno quería ser el más productivo, el que terminara primero, el que más ajíes o maíz recogiera.

Qué decir de los chequeos de emulación, las asambleas pioneriles, el esfuerzo por alcanzar cada una de las distinciones y todos aquellos instantes especiales que vivimos desde que nuestra pañoleta era azul, pasando por la roja hasta llegar al uniforme amarillo o azul en el que llevamos el distintivo con el nombre del Che.

Con el pasar del tiempo nos descubrimos convertidos en jóvenes. Unos iríamos al pre, otros al politécnico, mientras algunos prefirieron iniciarse en la vida laboral. Pero, sin importar el perfil escogido perseguíamos un solo objetivo: dar lo mejor de nosotros. Convertirnos en verdaderos ejemplos. Ser dignos herederos de la etapa gloriosa que nos antecedió.

Así llegamos al presente. Detuvimos la máquina del tiempo para contemplar orgullosos la senda que hemos recorrido. Y mientras guardamos en el recuerdo los rostros pioneriles, las locuras de juventud, nos disponemos para, al mismo tiempo, ayudar a los pioneros y jóvenes de hoy a escribir su historia.

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