Llegué al círculo social de Las Casimbas. Las variadas referencias sobre su buen trabajo me llevaron hasta él. Buscaba un acercamiento al quehacer de un colectivo que mantiene la premisa de que el cliente siempre tiene la razón y complacerlo es su objetivo.
Me recibieron un grupo de chicas perfectamente uniformadas. Una de ellas llamó mi atención por su juventud. Además, al descubrir mis intenciones reporteriles y desenfundar mi grabadora, sus compañeras la señalaron como la seleccionada para, según ellas, “hablar por la radio”.
Su nombre es Maylín Cruz Pérez. Bromista, risueña, se dispuso de inmediato a contarme sobre su día a día en esta unidad gastronómica. “Desde que llegamos estamos organizando el puesto de trabajo para que el cliente se lleve una buena impresión. Dejamos todo limpio. Listo para atender a todo el que llegue hasta aquí”.
Una de las buenas referencias que había recibido de esta unidad es la variedad de sus ofertas. Sobre las mismas Maylín contó: “Ahora tenemos steak de jamón, turrón de maní, refresco. Hemos tenido algunas dificultades con el pan, pero estamos bridando otras opciones como bolas de yuca, de plátano burro”.
Además de los alimentos ligeros que se ofrecen en la mayoría de las cafeterías, esta unidad ha adoptado la iniciativa de elaborar almuerzos. “La población está muy contenta con esos almuerzos porque es una gran ayuda. Elaboramos potaje de chícharo, de frijol, congrí, huevo frito”, narra esta joven gastronómica.
Tantas ofertas traen consigo una mayor afluencia de clientes a esta unidad, por eso indago en las relaciones que establece ella y sus compañeras con los mismos: “aquí la relación con los clientes es muy buena. Están satisfechos. Dicen que nosotras somos muy cariñosas, porque le damos el trato que se merecen. Le damos correctamente sus productos. Los tratamos con la ética profesional que se requiere”.
Sin embargo, no todo es color rosa. No falta el cliente que se dirige de manera incorrecta a quienes están detrás del mostrador. Desde su experiencia explica cómo actuar ante esta situación: “es necesaria la ética. No debemos discutir con él ni llevarle la contraria, porque el cliente siempre tiene la razón. Tratándolo bien nunca tenemos problemas”.
Maylín se desempeña con total profesionalidad, a pesar del poco tiempo de quehacer, pues confiesa “no tengo mucha experiencia. Solo llevo un año de servicio social. Pero hasta el momento no he tenido problemas”.
Pero esto no impide que tenga claridad y mantenga como premisa de trabajo lo que convierte en consejo para los gastronómicos. “Siempre hay que tratar a los clientes bien y con el respeto que se merecen”.
Con estas ideas, Maylín continúa moviéndose con soltura, desenfado y agilidad detrás del mostrador. Mantiene su sonrisa para todo el que llega, convencida de que la complace complacer.
