Cada 8 de marzo evocamos a mujeres que erguidas en el pedestal de la Patria irradian con la luz de su ejemplo a cientos, miles, millones de cubanas que con orgullo las contemplan y las siguen como fieles defensoras de su estirpe mambisa.
Porque así está hecha la mujer cubana de acero y fuego cuando se trata de defender este pedazo de tierra que las ha dignificado y que les ha dado con merecido esmero un lugar importante en la sociedad.
Hablar de ellas es rememorar la historia y recordar a tantas y tantas valerosas mujeres que han estado presentes en cada momento importante de la Revolución. Desde las luchas independentistas hasta nuestros días han sido coraza, orgullo y valor, y han ungido con la obra de su sonrisa cada tarea en la que han estado presentes.
Cómo no recordar sus aportes a la Campaña de la Alfabetización, a la creación de los Círculos Infantiles, el apoyo a las escuelas para campesinas Ana Betancourt, el respaldo a las campañas masivas de vacunación, la participación en labores productivas, la integración a la defensa y su labor infatigable en la prevención y atención social. En todas estas tareas está la huella de la mujer cubana.
Son muchas las misiones que la han fortalecido como miembro de la organización que las representa, pues la Federación de Mujeres Cubanas ha crecido inmersa en el compromiso y la unidad de sus mujeres, conscientes de la responsabilidad que tienen en la formación ciudadana y de la familia, en especial de las nuevas generaciones.
Hoy las apreciamos desde los quehaceres hogareños, desde las aulas, en talleres, en las faenas agrícolas, en centros de Salud, en unidades militares o como internacionalistas; ellas les imprimen esfuerzo y coraje a la organización, sin dejar a un lado su condición de madre, de esposa y compañera.
De ellas dijo Fidel y no se equivocó: “Las mujeres constituyen un verdadero ejército al servicio de la Revolución…La mujer es una Revolución dentro de la Revolución … Cuando en un pueblo pelean los hombres y pueden pelear las mujeres, estos pueblos son invencibles, y la mujer de este pueblo es invencible.”
Guiadas por el ejemplo de Vilma, Celia y tantas otras valerosas mujeres, las cubanas continuarán luchando por sus sueños, dejando un sello distintivo en Cuba y en el mundo. Orgullosas de ser dignas herederas de nuestra historia, seguro que seguirán conquistando el futuro.
