Foto del autor.Teresa Blanco Bella casi no pronuncia palabra, es que son ciento siete años de existencia. Ella nació en el poblado de Mir, pero vivió una vida entera y fundó su familia en el barrio de Los Moscones a unos ocho kilómetros de Buenaventura.
En sus años mozos Teresa trabajaba duro en las faenas del campo junto a su esposo Manuel Novoa Diñeiro, de esa unión nacieron nueve hijos y a partir de ahí la familia se multiplicó con diez nietos y seis bisnietos que alegraron la existencia de esta centenaria.
Dice su hija Neyda que la vida siempre ocupada de su madre es la que le ha permitido vivir más de un siglo. Y no es para menos. Además del cuidado y educación de la prole y su apego al campo, esta mujer tuvo tiempo para convocar a sus vecinas y asistir junto a ellas a movilizaciones para la recogida del café o a las zafras azucareras cada vez que la organización que representa a las féminas cubanas requería de su esfuerzo.
Hoy al indagarle por su estado de salud y de su familia, responde monosilábicamente. Es que son más de cien años de una vida activa, poco más o menos sin respiro, qué más se le pueden pedir a los años. Algunos dicen que es la alimentación la que alarga la vida, pero lo cierto, lo probado es el gen, la calidad de vida, la herencia que nos legan los ancestros, y en eso, esta mujer tiene comprobado protagonismo.
