armando avilaFotos del autor.En los primeros días de este mes de enero, visité la casa del vecino Armando Ávila Verdecia, un hombre muy especial para los que residimos en la calle Celia Sánchez Manduley, aquí en Buenaventura, pues allí, en su pequeño patio, podemos encontrar la cura a diferentes dolencias debido a la existencia de las más variadas plantas usadas en la medicina verde.

Por suerte no fui a buscar medicamento alguno, fui a observar el frente de su vivienda. Una foto más de Fidel.

“Desde el mismo día que me enteré de la maldita noticia de la muerte del Comandante, traje para aquí afuera el cuadro con su foto y coloqué un asta para la bandera. El pasado 25 de noviembre coloqué otro cuadro y así pienso hacerlo cada día que se cumpla aniversario de su partida física, aunque no sé como las voy a conseguir ya me lo propuse”.

Armando, nacido en Mir y criado en Monte Alto, es una persona afable, conversadora, alegre. Su andar es lento, debido a las múltiples marcas que dejó la pólvora en su cuerpo al paso por Angola.

“Yo pensé que no iría a la misión en África pues por graves problemas de salud me dieron baja de la escuela de artillería antiaérea de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en La Habana, de ahí me mandaron para la División 50 del Ejército Oriental, donde terminé el Servicio General Militar”.

En 1981, trabajando ya en la Empresa Pecuaria Calixto García Sur, Ávila Verdecia se incorpora a las Milicias de Tropas Territoriales y al llamado de Fidel a los militantes de la juventud lo envían para la Escuela José Maceo y Grajales en la que termina en 1983, y al regresar lo designan Jefe de las MTT en Mir, al poco tiempo le solicitan marchar a Angola.

“A pesar de mis condiciones físicas, con varias intervenciones quirúrgicas no lo pensé dos veces, pues a un llamado del Comandante en Jefe no se podía decir que no. Así llegué a tierra angoleña, allí me seleccionaron para un curso de lucha contra bandidos y nos dijeron “sépanlo bien que hay muchos de ustedes no van a regresar a Cuba”.

Nos confesó Armando que se le enfrió el cuerpo desde la cabeza hasta los pies, pero ya no había marcha atrás. Concluido el curso lo designan asesor de la plana mayor del segundo batallón de la 43 brigada.

“En verdad fue una misión para hombres, nos pasábamos días y días sin saber lo que era el baño, y cuando había combate no había comida y mira que fueron varios los combates, fueron como ocho. Llevamos la misión hasta donde nos habían ordenado, hasta Alto Chicapas, una antigua base de la OTAN. Al regresar nos preparamos para una nueva tarea, movernos hacia la montaña en la operación Rápida, ahí tuvimos varios combates con batallones de la UNITA, uno de ellos, el 9 de agosto de 1984, de más de tres horas en el que tuvimos que pedir apoyo de la aviación, porque no se rendían y a las bombas de los aviones sí que le tenían miedo, finalmente se dispersaron y entonces me dieron la tarea de reconocer nuestros muertos y recogerlos todos, incluyendo los enemigos, aquello fue muy duro, pero era la guerra”.

Nos comentó este combatiente que pocos días después los contrarios descubrieron el desplazamiento que realizaban.

“Al terminar el combate, estábamos sin comida y nos dieron la orden de avanzar un poco más al frente para que los helicópteros nos tiraran comida. Seguimos el avance, pero nos descubrieron y nos minaron el flanco izquierdo que era el que yo defendía, pasó la exploración, pasó la primera línea, pero cuando di la orden de avanzar a la tropa, uno de mis muchachos se enredó con una mina antipersonal, reforzada con una antitanque, y eso fue el desastre, ocho muertos y 17 heridos graves, entre ellos yo, que me salvé en tablitas, imagínate que estuve dos meses sin conocimientos, si me iba o me quedaba en este mundo, once días esperando para ver si podían trasladarme a La Habana”.

Varios impactos golpearon con fuerza la anatomía de Armando, uno en el pecho, uno en la boca, cuatro en la pierna derecha y dos en el brazo derecho. “Quedé hecho leña, pero aquí estoy dispuesto a seguir sirviendo a la Revolución en lo que pueda”.

armando avilaFotos del autor.Al preguntarle a nuestro entrevistado que representa Fidel en su vida, nos dijo: “Ese es el hombre más grande del planeta, nos sacó de la pobreza, nos dio escuelas, nos educó, ese fue el más grande defensor de los pobres, por eso siempre le voy a rendir mis humildes honores aquí en mi casa porque siempre estará dentro de mi corazón.”