Cada vez que celebramos un aniversario más del triunfo de la Revolución, recuerdo con mayor fuerza unas cuartetas que le escribiera mi abuelo materno, a mediados de los años 60 del pasado siglo, a un coterráneo de mi Cejita natal.
Aquel bribón, que incluso se dejó crecer la barba y la melena para simular a uno de los heroicos barbudos de la Sierra Maestra, vivía de casa en casa diciendo mentiras de todos tamaños sobre sus aportes a la lucha insurreccional y su conducta diaria de comunista.
Aquel rufián se jactaba de defender más que cualquiera las bondades del proceso naciente. Mi abuelo, un hombre trabajador, respetado y amante de la verdad, no aguantó tanta vanidad y puso en práctica sus escasas dotes de poeta, naciendo así esta composición que se colocó en pocas horas en un “hit parade” en mi vallecito querido.
Por aquel tiempo yo estudiaba el tercer o cuarto grados, no recuerdo bien, pero si puedo afirmar categóricamente que la humorística obra se grabó para siempre en mi memoria y en la de muchos cejiteros. La misma dice así.
Tú hablas de Revolución
y yo no sé ni porqué,
trabajas un día al mes
y te causa admiración.
Hablar de Revolución
es una cosa sencilla,
lo que causa maravilla
es afincar el pulmón,
coger un picachón,
un machete, una azada,
y salir de madrugada
en busca de un buen sopón.
Recapacita bribón
y córtate la melena,
saca a diario una faena
aunque te cause dolor,
y escúchalo, por favor
no sigas de mentecato
pues tus hijos desesperan,
esperando los boniatos.
