De manera espontánea las personas hablan de Fidel Castro, del Comandante invicto que les dio luz a los pobres de la tierra, el humanista, el hombre, el estadista, el revolucionario inclaudicable que fue siempre el primero porque fue ejemplo.
Yo tuve la dicha de estrechar la mano de Fidel. No ocurrió en un primer momento como lo desee tanto. Resulta que la primera vez que fuimos a La Habana para nuestra graduación del Destacamento Pedagógico yo estaba en los últimos asientos del teatro Carlos Marx y cuando concluyó su discurso mis compañeros de las primeras filas aprovecharon y fueron los primeros en acercársele para saludarlo y conversar. A mí y a otros, no nos quedó tiempo para ese privilegio, “qué lástima”, me dije. Sin embargo, años después la suerte me acompañó.
Regresamos a La Habana para la segunda graduación en mil novecientos ochenta y uno, y allí estaba Fidel, en el mismo teatro de hacía tres años antes, y yo sentado en las butacas más cercanas al líder. Culminaron sus palabras en las que reflexionaba acerca de la misión que tendríamos de ahora en adelante, y no esperé más, salí rápidamente para estrechar su mano, esta vez sí que no me quedé rezagado. Recuerdo que puso su firma y la palabra felicidades en un pequeño papel que pude entregarle luego de pasar mi mano por otras que como la mía ansiaban tal distinción.
Fidel es el padre fundador del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, él convocó a los jóvenes adolescentes de Secundaria Básica a que se sumaran a tal empeño, la Revolución lo necesitaba y no dudamos ante tal compromiso. La explosión de matrícula acontecida en los años setenta demandaba una respuesta, y es entonces que miles de alumnos de noveno grado dieron su disposición para integrar el destacamento que acompañaría a la segunda revolución educacional en Cuba.
Indudablemente al Comandante en Jefe no se le podía fallar y ahí estábamos en primera fila miles de jóvenes que nos convertimos en pedagogos de aquella y de futuras generaciones.
Para este gigante universal, para este Fidel del Moncada, del Granma, de la Sierra y el Llano, el que llevó al pueblo con sus barbudos a la victoria del Primero de Enero, el estadista que brilló en la Crisis de Octubre, el Héroe de Girón y el primero cuando el ciclón Flora, el héroe eterno en la lucha por el bienestar de los pueblos, gloria eterna.
