Millones de voces en pueblos y naciones se escuchan en las más diversas latitudes del planeta, cada 21 de septiembre, al conmemorarse el Día Internacional de la Paz, en reclamo del derecho de la humanidad a crear, desarrollarse y vivir en plena armonía para que reine eternamente el bienestar en la Tierra.
La conmemoración se realizó por primera vez en 1999 por resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas para unir voluntades en el noble empeño, y luego no fue hasta el año 2002 que se oficializó el 21 de septiembre como el Día Internacional de la Paz.
Como nunca antes la humanidad tiene ante sí el reto de promover los más puros sentimientos para preservar la paz en pleno siglo XXI, cuando son frecuentes las amenazas bélicas, la pobreza, y el hambre, la falta de servicios de salud, y educación; el cambio climático se agudiza, la desigualdad de género se acentúa, el acceso al agua de las mayorías poblacionales es limitado, el pobre saneamiento ambiental abunda, la falta de electricidad es frecuente, y la injusticia social no permiten el necesario equilibrio del mundo.
Huellas profundas tienen los pueblos provocadas por la Primera y Segunda Guerras mundiales y los conflictos regionales más recientes como los del Medio Oriente, donde centenares de hombres y mujeres mueren, mientras se destruyen patrimonios que han costado centenares de años en construir.
Que vuelen palomas blancas y no los temibles aviones, que se escuchen los armoniosos cantos de las aves y no los cañones, que venza la inteligencia y no los necios, para que a 70 años de la proclamación de los derechos humanos siempre tenga sentido luchar de manera especial por la Paz.
