Fidel, un nombre pequeño, pero que encierra en sí a un pueblo. Y es que el legado trascendió al nombre, al hombre para convertirse en bandera, en ideal enarbolado hoy por un pueblo.
No podía ser de otra forma, porque Fidel es uno de esos hombres que lleva en sí el decoro que le falta a muchos otros. Por eso las opiniones al buscar lo que significa para un pueblo son muy variadas.
No falta la maestra que asegura que “fue el mejor alumno de Martí. Llevó a la práctica todas las ideas que Martí siempre quiso para el pueblo de Cuba. Gracias a él tenemos educación, salud”. No falta la mujer que lo percibe como “el hombre grande que ha hecho por nuestro país y por todos los pueblos de Latinoamérica”. Así también encontré a la joven que asegura que él “representa todos los valores morales. Es todas las convicciones como ser humano: solidario, valiente, intransigente. Para nosotros representa como un ese ser perfecto, como un Dios que tenemos en nuestro país”.
Es que Fidel, el Comandante en Jefe, caló profundo en su gente, en la nuestra, en todo aquel que se siente verdaderamente cubano, no importa la edad, no importa cuántas generaciones hayan transcurrido después de aquella histórica Generación del Centenario. Así me contó Yadira, una joven maestra:
“Ha marcado mucho porque no viví la etapa de antes del triunfo de la Revolución. Ese ahínco de cada uno de los cubanos que dieron su vida, sobre todo ese guía indiscutible como lo fue nuestro Comandante en Jefe, que supo llevar adelante la guerra de liberación, por lo que hoy me siento muy feliz y orgullosa de vivir en un país como Cuba”.
Su ejemplo, su liderazgo se convierte en la actualidad en la estela a seguir por quienes tienen la tarea de conducir el barco de la Patria hasta puerto seguro. Ellos, los representantes del pueblo, tienen en su legado los métodos para hacerlo:
“Estos son momentos difíciles y es cuando más firmes debemos estar. Debemos preocuparnos por nuestro pueblo como lo hacía él. De nosotros depende que siga viviendo porque lo hacemos vivir llevando la dedicación que él siempre tuvo por el pueblo”.
La huella de Fidel es amplia, profunda. Les corresponde a los agradecidos hacer que los pinos nuevos lo sientan tan cercano como siempre: “todos los días se habla de Fidel en nuestras aulas, porque está presente en cada aspecto, en cada momento de la vida de nuestro pueblo”, me dijo la maestra al preguntarle qué hacían ellos para preservar el legado del líder. Por su parte una fémina sostiene que a “nosotros nos corresponde enseñarle a los pinos nuevos, prepararlos para que sigan su legado”.
De esa forma Fidel siempre estará entre nosotros y entre los cubanos que están por venir. En él, regresando a quien fuera su gran maestro: “van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”. Y porque hombres como este “son sagrados” seguiremos el legado que trascendió el nombre, al hombre, para convertirse en raíz, en tronco, en árbol, en país.
