“Traigo en el corazón las doctrinas del maestro...”. No hay mejor frase que ilustre con elocuencia la esencia martiana que siempre identificó a Fidel Castro. Su pensamiento, siempre adelantado a su tiempo, su capacidad de avizorar el peligro imperialista para la América nuestra, y su entrega sin límites a una misma causa demuestran que estos dos hombres estaban dotados por una misma luz.
Nadie como ellos para apreciar en la unidad la única vía para luchar y vencer. Estar al lado de los humildes y compartir con los humildes fue la virtud que unió también a estos dos grandes hombres que en épocas diferentes supieron abonar a la historia un mismo ideal.
Fidel, el hombre que puso en marcha la predica martiana “Con todos y para el bien de todos” con la dignidad y entrega de un verdadero revolucionario, de un verdadero discípulo de José Martí. Nadie como él para enarbolar la bandera de la estrella solitaria, de la libertad, la misma que defendió el Apóstol en la lucha contra los españoles, la misma que ondea flamante, orgullosa y resplandeciente identificando una Revolución que desde sus inicios sigue siendo la misma.
La misma Revolución defendida con uñas y dientes por la propia Generación del Centenario conducida por Fidel, la generación que mantuvo vivo el legado de quien ha sido bautizado como el más universal de los cubanos. La entrega sin límites de estos jóvenes a la causa revolucionaria demostró la grandeza y la herencia histórica del Apóstol.
Hay que recordar entonces la autodefensa de Fidel Castro en el juicio del Moncada conocida posteriormente como La Historia me Absolverá, la que devino denuncia contra la dictadura de Fulgencio Batista. Fue allí donde expresó que no le permitieron consultar en la celda ningún tratado de derecho penal y se le prohibió tener acceso a ejemplares de la obra martiana, como si las consideraran subversivas, quizás porque había expresado que Martí era el autor intelectual de los sucesos del 26 de julio. Él afirmó: "No importa, traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos".
Por ello Martí y Fidel constituyen paradigmas de todos los tiempos, ellos son dos grandes hombres que sumaron a Cuba un mismo ideal, por eso hoy siguen juntos en la misma senda, en el mismo sitio que sirve de altar glorioso de la Patria. Allí se yerguen, inmortales e incólumes para continuar defendiendo a Cuba y a su pueblo.