sepelio_guaramanao_accidente_avion3Fotos: Yanelis MartínezLa muerte nunca es bienvenida, pero si llega de forma inesperada, una sensación de irrealidad nos invade. Así les sucedió a los familiares de los fallecidos en el fatídico accidente aéreo, quienes tras conocer la noticia marcaron una y otra vez el número telefónico de sus seres queridos con la esperanza de que una voz del otro lado les devolviera la vida y con ella la calma.

Muchas de esas llamadas sin respuesta tuvieron por origen este territorio. Intentos estériles. El silencio por respuesta, que se convirtió en presagio de los días de sufrimiento que se avecinaban. Hijos, padres, hermanos, amigos… eran arrancados sin tiempo de decir adiós.

Durante más de una semana los calixteños estuvimos expectantes. El motivo solo uno: la llegada de los restos de quienes, originarios de esta geografía, habían perdido la vida la trágica tarde del viernes 18 de mayo. Todo al tiempo que se intentaba dar fuerzas, ánimos a quienes habían perdido a alguno de los suyos. Los días fueron pasando. De a poco regresaban con su familia, con su gente, a su barrio, a su tierra para recibir el último adiós en las raíces, de donde habían partido.

sepelio_guaramanao_accidente_avion5Los últimos en arribar al territorio fueron María Virgen y Rafael, un matrimonio pastoral de la zona de Guaramanao, municipio holguinero de Calixto García. Allí también estaban los vecinos, los amigos, los hermanos de fe. Inmensamente conmovedor la imagen de la madre que entre lágrimas se resistía a creer que aquel féretro guardara el cuerpo inerte de su hijo. O la hija que entre sollozos contaba la forma en que recordaría a su padre, un hombre humilde, pero querido por todos por su carácter y su forma de ser.

Multitudinarias fueron las despedidas en cada uno de los casos de los siete calixteños. Al lado de la carretera, de los caminos, sin importar la distancia, los horarios, han estado los cubanos, los holguineros, los nacidos en este territorio, en un intento de mitigar el dolor en un abrazo, un gesto, una palmadita en el hombro.

A pesar del dolor, de las horas de llanto, los días sin apenas dormir, la certeza de que no han muerto del todo, pues la muerte solo es real cuando se olvida y ellos estarán vivos por siempre en la memoria de quienes los aman.

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