Foto: Díaz GrassJorge Peña Guevara labora como maestro hace cuarenta y ocho años: “Mi vida la he consagrado a una obra como es la de enseñar y educar. Déjame decirte que siempre, desde que era muy joven me decidí por la carrera profesoral. Sentía que formaba parte de mi quehacer cotidiano, que era mi vocación; claro, recibí la influencia de educadores como Hermes Leyva e Iraida Guevara que contribuyeron a fortalecer mi disposición, asevera.
“El maestro debe ser un lector insaciable, que no se conforme con la clase cotidiana, que vaya mucho más allá para que tenga información, cultura, todo ese cúmulo de conocimientos permite que sea más respetado y admirado por sus compañeros, alumnos y la familia de los educandos. Significativo es contribuir a que las niñas y los niños de hoy sean mejores personas del mañana, más capaces, mejor preparadas para enfrentar la vida, y en eso los educadores junto a la familia, debemos ser ejemplo”, explica este pedagogo que tiene la satisfacción de haber compartido sus experiencias en varias enseñanzas y que ahora labora con quinto y sexto grados en la escuela Lizardo Proenza, del barrio de Las Mantecas.
La educadora Migdalia Laffita ofrece su testimonio al reportero José Luis Díaz. Foto: Roxana HechavarríaMigdalia Laffita Camejo es una mujer protagonista en Los Dagamitos, a unos seis kilómetros del poblado de Buenaventura: “Nací y me crié en este barrio campesino y me siento dichosa de estar rodeada de mi familia, vecinos y de mis alumnos de preescolar a los que quiero, enseño y educo como si fueran mis hijos”, afirma quien hace más de diecisiete años se decidió por el magisterio y labora desde entonces en la escuela “Carlos Fonseca”.
“Cuando culminé el preuniversitario no alcancé la carrera en la primera opción, y me dije, voy a ser maestra, y déjame decirte que es y ha sido lo más edificante que me ha sucedido en mi vida. En ese contacto con los niños vas conociendo un mundo hermoso, a esa edad son como esponjas que a tiempo y con buen rumbo se convierten en el futuro que necesita la Patria. Muchos de los que he colaborado en su formación ya son técnicos, ingenieros, maestros como yo, en fin, profesionales útiles, y eso emociona a uno, expresa.
“Mi esposo, mi hijo y mis padres formamos una familia unida, orgullosa de tener una Revolución que me dio la oportunidad de cursar y concluir una maestría en ciencias de la educación, ¡qué mayor privilegio que ese”, concluye.
Foto: Díaz GrassMujer campesina de esta comarca es Orayda Camejo Leyva: “No hay quien me haga cuento del trabajo en el campo, imagínese que llevo catorce años en esta Cooperativa de Crédito y Servicio, primero fui auxiliar de contabilidad, económica y luego presidenta. Hubo un momento que no pude seguir al frente del colectivo por enfermedad de mi madre, pero de nuevo asumí el cargo. Es difícil, fíjate que son ciento sesenta y siete integrantes y solo diecinueve son mujeres, asegura, convencida del protagonismo de la mujer en el campo.
“Llevamos adelante en mi cooperativa un programa de desarrollo agropecuario que permitirá el mejoramiento de los cultivos y a la par el desarrollo de la ganadería. Hay que avanzar, el pueblo necesita nuestras producciones y nosotros incrementarlas con la utilización de la ciencia, de los adelantos que hoy favorecen aún en medio de los rigores climáticos”, afirma.
Maestros y campesinos hacen historia en estas localidades rurales del municipio de Calixto García, esos que este once de marzo estarán en primera fila para reafirmar su voto por quienes los representarán en la asamblea provincial y en el Parlamento Cubano.