aula_preuniversitarioFoto: Díaz Grass¿Cuánto de privilegio tiene un joven cubano de poder ingresar a la universidad, escoger una carrera, culminar los estudios sin que tenga su familia que abonar un solo centavo y luego tener derecho a un empleo digno donde también tiene oportunidad para seguir especializándose para completar su formación?

¿Qué le hace falta al joven en Cuba para tanto privilegio? Talento, preparación, sistematicidad, vocación, en fin, haber aprovechado las oportunidades que se ofrecieron en las aulas. Solo eso. Y lo digo porque este lunes inician en los preuniversitarios las pruebas estatales que definen el título de bachiller.

Es decir, en estos exámenes, se comprueba, se corrobora hasta qué punto los conocimientos han prendido en cada quien y donde el profesor que durante tres años le ayudó a su formación siente el placer y el orgullo de haber logrado su propósito que solo es enseñar y educar para que la obra prosiga.

La familia también interviene como gestora principal de este empeño que suma a favor de un futuro comprometedor porque de ahí se desprenden los médicos, ingenieros, maestros, en fin, la fuerza calificada que lleva adelante la obra de utilidad social que disfrutamos los cubanos sin costo alguno como premio a la igualdad de oportunidades.

Al razonar sobre todo ello aseguramos qué preferencia tiene formarse en una escuela cubana donde se juntan tantas posibilidades, interés con visión de futuro sin que nada interrumpa el curso de la vida joven que va y viene de las aulas como el premio mayor.