Foto: Marta RodríguezSe escogió el sitio más ideal, la casa donde nacimos, la de los abuelos que siempre son tan permisibles, o la del familiar alegre que suma a todo el familión, no importa si es la de mejor confort o la más humilde, lo que interesa es estar juntos para compartir lo mucho o poco que se haya logrado para celebrar este 31 de diciembre.Llegan los abrazos, la risa, la alegría, los comentarios de si nos encuentran más viejos o jóvenes; si el nieto o la nieta creció un poco, la anécdota del viaje, que si fue bueno o malo, los tropiezos para salir de casa y llegar hasta allí, todos quieren aportar a la felicidad de volver a encontrarse en tan importante fecha.
Nadie se preocupa si alcanzan los dormitorios o los sitios donde podrán recostarse para descansar luego del fetecún (fiesta); eso no es preocupante, solo si están todos o alguien de la familia no podrá llegar a tiempo. Las maletas o el maletín del viaje vienen cargados, unos traen la ropa, quizás para estrenar o la que mejor le hará lucir y por supuesto no falta el ingrediente que cada quien trae para sumar a la buena cena.
Y las interrogantes no se hacen esperar sobre “el personaje famoso”, el cerdito que el abuelo alimentó durante varios meses para que estuviera listo para el asado en la púa, o llevado al horno, no importa cómo, el asunto es que no faltará, allí donde se respira un ambiente distinto, la música invita al baile y la cerveza o la botella del buen ron cubano también es esencial.
De las cazuelas salen las buenas lonjas del dulce de naranja, el turrón de maní o el pastel que no pueden faltar en la copiosa mesa que exhibirá las mejores galas del cubano común, familiar, humano y amoroso a lo que siente siempre como suyo.
No faltan las llamadas al teléfono del amigo lejano, o del que no puede estar presente para desear un Feliz Año Nuevo o los mensajes a través del móvil para felicitar y augurar prosperidad y mucha salud a la familia.