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niurka gongora perezLa maestra Niurka Góngora, junto a discípulos de la escuela Rubén Bravo, de Buenaventura. Foto: Ordey Díaz“Fue una oportunidad única, irrepetible, de esas que se dan una sola vez y te marcan para el resto de la vida. Participábamos por entonces en la VIII Conferencia Nacional de las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) y un pionero de la ciudad de Matanzas es quien hace la convocatoria a los allí reunidos para marchar por el malecón hasta frente a la oficina de intereses de los Estados Unidos y allí en mitin de protesta reclamar el regreso de un niño que se encontraba secuestrado por la mafia anticubana en Miami. Todo fluyó de manera espontánea y aquel acto marcó el inicio de la Batalla de Ideas. Se utilizó un altoparlante sobre un auto y desde él nos pronunciábamos para que nos escucharan los representantes diplomáticos estadounidenses”.

Con pasión recuerda la maestra calixteña Niurka Góngora Pérez su participación en el primer acto realizado para reclamar el regreso a la patria del niño Elián González Brotons el 5 de diciembre de 1999, hace 18 años, momento que marcó el inicio de un nuevo periodo en la historia de Cuba conocido como Batalla de Ideas.

“Yo laboraba como maestra en el municipio tunero de Majibacoa. Era miembro del Comité Municipal de las BTJ y tuve el honor de formar parte de la delegación que participó en aquella conferencia nacional. No imaginé que iba ser partícipe de un acontecimiento tan extraordinario.

“Con la Batalla de Ideas se iniciaron varios programas sociales, educacionales y de otra índole con el objetivo de elevar la calidad de vida y el enriquecimiento espiritual del pueblo. En el sector educacional varios fueron los programas que se pusieron en práctica para el mejoramiento del proceso docente-educativo y que han rendido sus frutos en estas casi dos décadas”, comenta Góngora Pérez.

“Fue así que llegaron los medios audiovisuales a las escuelas para acompañar al maestro en la clase, se enriquecieron las bibliotecas, se hicieron los laboratorios de computación, entre otros, que sin dudas han repercutido en la elevación del propio proceso educacional. Han pasado 18 años y tengo frescos en la memoria esos gratos recuerdos. Creo que los allí presentes hicimos lo que habría hecho cualquier joven cubano”.

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