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justino velasco quiroz3Fotos cortesía del Dr. Justino Velasco La ciencia nos salva de la inocencia, pero no siempre asumimos el reto de su encuentro, y sólo ante las sirenas de la transgresión de los sentidos, vemos la necesidad de analizar el paisaje interior de todo lo vivido. Pero en ese escáner hay una percepción, que nos asalta en la honra de salvarnos y de salvar.

Así la visión de los galenos y su misión de intermediarios entre la vida y la muerte. Así la historia de mujeres y hombres, que trascienden en su voluntad de asumir la ciencia como espacio concurrente y de transmisión de la heredad, en su estandarte de salvación.

Todo proceso de sanación es recurrente en la medida que el agresor sea avistado a tiempo y para ello necesitamos vigías, que nos permitan la vigilia interior y así la sirena que nos haga escapar de nuestro abuso del alcohol y del sedentario espíritu, entre otros males, que en su mar de músculos constituyen la batalla cotidiana.

La ciencia nos convoca, en su fluir de la materia y evolución concurrente, a esa avalancha, que es la constancia y la transformación del ser hacia la máquina androide o hacia el retorno a la naturaleza del ánima, en su composición mitológica, ancestral y natural. Así la visión de la constancia como floración sanguínea. Así la aventura de Justino Velasco Quiroz, en el Proyecto Telesalud, en Santa Cruz, Bolivia.

Ante su puerta bien se respira la piedad partera de quien alcanza su definición mejor en la ciencia, que es proceso de imantación, de irradiación del ser, que se busca y encuentra ante el hombre, misionero de la ética. Y es que la ciencia médica en buenas manos es obra de gladiadores, que se vuelve torrente en la medida, que está al servicio de todos y florece en la realidad de quien se mira las manos y las siente limpias.

justino velasco quiroz1En Justino, el doctor de Santa Cruz, el graduado de la Escuela Latinoamericana de Medicina, de La Habana, la evolución del ser hacia la constancia, que le permite la vasta humanidad de quien traza en el tiempo, la gratitud de su viaje hacia la salvación carnal y espiritual de muchos, viaje iniciado desde la caridad de un pueblo, el de Buenaventura, que le acogió como hijo hace más de una década, y todavía allí se le siente cercano.

La verdad nos asume desde la realidad actuante y sonante, por ello el hombre justo siempre mira hacia atrás y toca la fibra sensible de quienes le ayudaron a ser lo que es. Ahora el doctor Justino, en sus ecografías abdominales y ginecológicas, en sus electrocardiogramas, en las ferias comunitarias, consigue respuestas con el instrumental científico, mecánica perfecta de imantar corazón y firmeza en ese entrenamiento vital, que es encender la llama del necesario autocontrol, la prevención y la salvación, como consecuencia de ser portador de la mejor experiencia, frente al torrente de caminos, que se abren al futuro, desde la razón de plantar en nosotros y en los otros, el árbol sereno y radiante de la claridad.  

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