Locales

jovenes cubanosMuchos en la vida coinciden que sus mejores años fueron en la etapa estudiantil. Quienes hayan pasado por todas las formas de educación en Cuba se acuerdan desde la plastilina de preescolar hasta las estresantes tesis de diploma de la enseñanza superior.

En la primaria comienza el largo bregar de componedores, alfabetos, pañoletas azules y rojas; se definen los primeros romances, entre caídas que marcaron tu barbilla para siempre y los movimientos de pioneros exploradores sin las instrucciones de la famosa Dora.

Luego llegó el uniforme color chícharo en la secundaria, las asignaturas iban apretando el cordón y los sueños se presentaban vestidos de camilitos o en el ansiado Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas.

Todos buscaban la cima del escalafón, los noventa parecían una década prodigiosa, pero de notas excelentes para acceder a una buena ubicación.

Unos llegaron, otros se encaminaron a los sacrificados pre en el campo, mientras los menos aventajados encontraban en las especialidades politécnicas una solución para su futuro.

Transcurrían tiempos difíciles, los camiones particulares se convirtieron en ómnibus escolares, los naranjales eran escenarios de trabajo, subsistencia y pasión en el plan de escuelas San Andrés.

Cuántas veces las cisternas mutaron en piscinas, las bolas de yuca lideraban nuestras dietas y uno que otro colchón fue a parar a manos de vecinos de barrios aledaños.

Estos recuerdos toman mayor fuerza en la universidad. Los que preferimos las pruebas de ingreso, los concursos o la Orden 18, arribamos a la casa de altos estudios con el anhelo de lucir el traje de profesionales en las distintas esferas de la vida.

Amores, frustraciones y vivencias únicas nos deja la larga carrera estudiantil que nos convierte en conocedores de la lengua, los números, y las redes sociales, entre otros temas, para crecer en cultura e información.      

 
 

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