Foto: AleagaMuchas veces escuchamos de sonido ambiente el resonar de las moto mochilas fumigadoras en los barrios de cualquier sitio cubano.
Unos lo agradecen, otros se agravian, hasta más de una mala cara se puede apreciar; los trabajadores de la Campaña antivectorial solo se empeñan en evitar la propagación de enfermedades y beneficiar el estado de salud de toda la familia.
Ellos trabajan incansablemente, los vemos de igual manera después de un ciclón, que en centros educacionales, movilizados en otras provincias, linterna en mano, abate, entre otros útiles para su labor, siempre dan el sí ante cualquier emergencia.
Son aliados de lujo para el médico de la familia, enfermeras y enfermeros, su misión nunca acaba, son muchas las batallas a librar, tienen por delante a un enemigo capaz de formar batallones que tienen como armas sofisticadas al dengue, chikungunya y la más adelantada se hace llamar Zika.
Es por ello tan necesaria su puesta en escena para vencer al peligroso Aedes aegypti, ni siquiera dejarlo despegar de su pista; en los hombros de esos aguerridos operarios descansa parte de nuestra tranquilidad higiénico-epidemiológica.
Ábrale su puerta sin reparos cuando llegue el compañero o compañera de uniforme gris a su casa, a fin de cuentas serán solo cuarenta y cinco minutos de espera a cambio de salud.