Hay circunstancias en la vida que hacen grandes a los seres humanos, y hechos que calan en lo más profundo de nuestros corazones , perduran en el tiempo ,nos acompañan y llegan hasta formar parte de nuestras vidas. Lo mismo sucede cuando vivimos momentos importantes, quedan en nuestra memoria y siempre es bueno compartirlos para que otros también tengan la satisfacción de formar parte de ellos.
Es así que en días pasados viví uno de esos momentos que jamás olvidas, pude apreciar como los sentimientos no se inculcan sino nacen como manantial inagotable. Dos pequeños con solo 8 años expresaban su amor infinito por el líder histórico de la Revolución.
Lorena Pérez Leyva regalaba sus versos al eterno Comandante en Jefe y Alejandro Leyva Pérez, interpretaba a viva voz la canción “Cabalgando con Fidel “, y lo hacían con tanta fuerza y respeto que parecía revivir la historia del joven rebelde, del invencible guerrillero.
Quizás estos pequeños lo habrían hecho una y otra vez, en sus escuelas, frente a su familia, o en otro sitio, pero aquel era el escenario ideal, los muros del cementerio Santa Ifigenia serían el mejor testigo. Allí frente al monumento que guarda las cenizas del máximo líder de la Revolución, con la inocencia de ser niños, y con la vergüenza de nacer en esta tierra, lo recordaban y le rendían homenaje.
Y no es porque estos infantes vengan de larga raíz como dijo el maestro José Martí, porque sus padres y abuelos son hijos de esta Revolución como tantos otros, sino porque ese sentimiento patrio cuando es verdadero nace, brota y se multiplica.
Al preguntarle a Lorena por qué dedicaba sus versos y depositaba una flor expresaba” Lo hago para darle gracias a Fidel por tener mi escuela, amo el círculo infantil “Los Zapaticos de Rosa y mi escuela grande, el Centro Escolar”, refiere.
Lorena , es de esas niñas que tienen un carisma especial y un don natural de ser espontánea y familiar, y su primo Alejandro, criado desde sus primeros años en la Habana, es inteligente, intrépido, aficionado al Futboll , amante de la historia y con un amor sincero por Fidel .
Hoy sus abuelos, Florinda y Artemio, exhiben orgullosos esta imagen que quedó grabada para la historia, y Lorena y Alejandro, cuando sean mayores la mostrarán a todos y contarán que allí, en el sitio sagrado del Comandante, en Santiago de Cuba, le hicieron el mejor regalo.
Por ello cuando pienso que Fidel ya no está físicamente, pienso en niños como Lorena y Alejandro, y en cientos que como ellos saben amar y reconocer al hombre que supo ganarse el corazón de los cubanos.
