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los pinos3Cualquiera que no conozca la geografía podría identificarlo con facilidad. Desde lejos las copas de los árboles que le dan nombre advierten su presencia. Son ellos también los que dan la bienvenida y conducen, como en formación militar, hasta el fondo, donde se encuentra el buró de reservaciones del Motel Los Pinos, en este occidental municipio holguinero.

Allí Iris Sánchez, responsable de alojamiento, o cualquiera de las otras chicas de la recepción reciben a los clientes de forma afable, listas para registrarlos y mostrarles su habitación.

El área de las alcobas es sencilla, acogedora. Alrededor de la piscina se distribuyen diez construcciones, mientras los cocoteros y los pinos decoran el ambiente. Tras cada una de esta decena de puertas espera una habitación con todas las condiciones para que sus habitantes tengan una estancia agradable: sábanas, almohadas y toallas limpias y olorosas, aire acondicionado, refrigerador, televisor, teléfono, un baño limpio, donde se deja ver una gran cortina de la colección Arte Cubano, de ARTEX.

Iris me dice que todo aquel que lo desee puede disfrutar de los servicios de esta instalación, ya sea por varios días o para pernoctar si se encuentra de paso. “En el caso de estadías prolongadas se puede reservar por teléfono, a través del buró habilitado con este fin en la cabecera provincial o comunicándose de forma directa con nuestra recepción”.

Además de aquellos que deseen vacacionar muy cerca de la naturaleza, Los Pinos también se convierten en buena opción para quienes viajan por motivos de trabajo, como los obreros de Ferrocarriles de Cuba o de la Anap (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños), provenientes de Santiago de Cuba, La Habana  o Matanzas, que encontré durante mi visita y cuya opinión es muy favorable sobre la atención recibida.

No piense usted que aquí solo se duerme o se descansa. Para nada. También se prestan servicios de restaurant y cafetería, así como un reservado para aquellos que prefieran algo más íntimo y, si se quiere, romántico. Todos a disposición de la población, sean huéspedes o no.

A Eduardo Reyes, sub-administrador de esta instalación, lo encontré en la pista de baile dando los últimos toques al montaje del nuevo equipo de audio. Él me dijo que la cafetería, a pocos metros de la carretera central y abierta las 24 horas, ofrece cerveza, ron, desayunos. Por su parte el reservado tiene cerveza, comidas ligeras para acompañar la bebida, lo que los cubanos llamamos “salaíto”.

Mientras, el restaurant funciona 12 horas, desde las diez de la mañana hasta la diez de la noche y con un diseño del menú que propicia a los comensales la degustación de una comida completa y caracterizada por la calidad. Justo allí encontré, enfrascado en rebanar ajíes, a Eriberto Gómez, uno de los cocineros principales. Después de que se percatara de que no se libraría de mi insistencia periodística hizo a un lado su timidez para contarme que diariamente se ofrece a los clientes entre 12 y 15 platos fuertes, acompañados a su vez con diferentes variedades de arroz, las ensaladas correspondientes, jugo.

A pesar de tanta variedad, Eriberto asegura que él no encuentra compleja ninguna de sus actividades cotidianas, pues la experiencia le ha permitido adaptarse al ritmo de la cocina. Al mismo tiempo revela que su mejor premio es complacer el paladar de sus clientes.
La conexión de los teléfonos en las habitaciones posibilita que los clientes hagan solicitudes a cualquiera de estas áreas y que el servicio sea atendido de forma directa en el cuarto.
Ya casi cuando me disponía a despedirme encontré entre cemento y herramientas a Rafael Cabrera Silva, operador de mantenimiento del Motel. Él es el responsable de que las averías tengan vida corta en este centro. Tal es así que entre risas afirma que su mejor recompensa es poder entregar cada habitación sin dificultad alguna y que los visitantes tengan una feliz estancia.

Era casi mediodía cuando me despedí. Los árboles volvieron a ser testigos y compañía de mi recorrido, al tiempo que su sombra aliviaba la intensidad del sol. Fuera volví a mirar. Entonces tuve la certeza de que esta puede ser una buena opción para el verano, para disfrutar a la sombra y con el aroma de Los Pinos.

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