Hogar de ancianos de Buenaventura. Foto: Díaz Grass.El envejecimiento poblacional en Cuba se incrementa progresivamente como fenómeno actual y futuro de significativa connotación; las causas esenciales del mismo se asocian al incremento de la esperanza de vida, unido a la disminución de la mortalidad y al descenso de la fecundidad, entre otros factores.
Por ello se necesitan estrategias para incrementar la natalidad y mejorar las condiciones y calidad de vida del adulto, así como para la atención diferenciada, sistemática y con calidad del perfil de morbilidad característico de este grupo poblacional frágil y vulnerable.
Un ejemplo digno de reconocer para la atención y cuidado de este sector poblacional en nuestro municipio de Calixto García lo constituye el hogar de ancianos José Miró Argenter, ubicado en el reparto Las Brisas, Buenaventura.
El Dr. Wilfredo González Ricardo, al frente de esta institución calixteña, refiere con orgullo sobre la noble acción de velar por la vida de estos “eternos jóvenes”: “Todo el equipo de trabajo desde las enfermeras, médicos y personal de servicio, hacemos lo imposible para brindarle una estancia placentera y que sus últimos años sean felices en nuestra institución”.
Los protagonistas de esta historia se sienten miembros del club de los ciento veinte años, deseos de vivir les sobran a Oscar Rodríguez Ramírez y a Antonio Bertot Rodríguez, ambos representan el bienestar y la satisfacción que reciben en el hogar de los abuelos de Buenaventura: “La atención es excelente, me siento bien, entero como decía mi padre”, afirma Oscar. Por su parte Bertot asegura: “Yo lo mismo cargo agua, que ayudo en la cocina, aquí yo no debo hacer nada, pero esa es mi voluntad porque todavía puedo ser útil”.
Honrar honra, llegue el reconocimiento a médicos, enfermeras, trabajadores sociales y al personal de apoyo que se encarga de la alimentación, avituallamiento y la limpieza, héroes anónimos que brindan mas vida a los años de nuestros abuelitos, conscientes de que algún día seamos nosotros los que necesitemos esos mimos y besos que tanta falta hacen cuando se pone blanca toda la cabellera.