Alennis Fernández,  una madre preocupada por la eduacción de sus hijos. Foto: Díaz Grass.Alennis Fernández, una madre preocupada por la eduacción de sus hijos. Foto: Díaz Grass.A aprender llegamos todos al mundo, unos se instruyen de los mejores conocimientos que dotan  al hombre en el beneficio del bien, de la honradez; otros, sin embargo, apuestan por todo lo contrario, pero, de una manera u otra, se aprende.

El conocimiento es infinito. Cuando el científico alemán Albert Einstein realizó los estudios para establecer la teoría sobre la ley de la  relatividad, lo hizo a solas; sin embargo en los tiempos que corren se necesita de la correspondencia de investigadores de varias ramas de las ciencias para llegar a conclusiones.

Solo así se explica que la enseñanza no solo es competencia de la escuela, del maestro. La institución escolar organiza las herramientas que el profesor ha de tener en cuenta antes de cada clase.

Conocimiento casi exacto de las particularidades sicológicas, y pedagógicas de cada alumno para entregar y compartir conocimiento y a la vez educar.

Pero, este asunto ¿depende solo de la escuela y el maestro? Lo pregunto porque tal parece que para algunas familias basta con que sus hijos asistan a las aulas, esperar por el resultado de exámenes y requerirle al docente  el porqué el muchacho no obtuvo mejores calificaciones cuando debió dirigir su pregunta a quien no supo aprovechar el tiempo o no  asimiló el contenido  por una u otra causa que tal vez los padres no conocieron a tiempo.

Investigaciones realizadas en barrios y escuelas del municipio de Calixto García indican que más del 90 por ciento de las familias ocupadas de la formación de sus descendientes, los resultados de estos son superiores.

Claro, la escuela no está eximida de su responsabilidad, pero al lado de ella sin cortapisas debe estar la familia interesada en la revisión de las notas que escriben los muchachos, de la ortografía, la redacción,  del porqué de los espacios en blanco en los cuadernos, preguntarle sobre el contenido de las asignaturas, si entienden lo que se explica en el aula,  de sus preocupaciones, de sus anhelos, visitar las casas de estudio, de ofrecerle el espacio físico para el estudio independiente, en fin, estar al tanto de cada detalle.

Solo así, con la participación de los principales actores sociales se hace realidad el proceso de enseñanza - aprendizaje, ese termómetro que aunque  no exonera al maestro como conductor principal de este encargo, también exige a la familia  adentrarse más en sus interioridades. Y de esa manera,  podremos estar más orgullosos del conocimiento de nuestros hijos, nuestros futuros profesionales.

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