Tributo a Fidel en el poblado de Las Calabazas. Foto: Yanelis Martínez.Tributo a Fidel en el poblado de Las Calabazas. Foto: Yanelis Martínez.Las Calabazas no se escapó del cuento de Cenicienta, ni se convertirá en carruaje. Es real, no pertenece a ningún cuento de hadas. Es un pueblito de campo del municipio de Calixto García atravesado por la carretera central.

Por eso este dos de diciembre amaneció diferente, pues por allí, justo por su centro, pasaría, en la ruta hacia a la eternidad, el hombre al que le agradecen muchos de los logros de esta localidad: Fidel Castro.

Una fresca brisa y un panorama que hacía creer que el sol se perdería semejante suceso nos saludaron al amanecer. Los moradores, no solo de este sitio, sino también los de otras geografías distantes, llegaron desde temprano. Ni siquiera los más dormilones pudieron quedarse en la cama ante un hecho como este, donde se mezclan el dolor por la pérdida física y el compromiso de continuar su obra.

Entre los trazos de un pintor comienza a surgir el líder eterno de este caimán rebelde, al tiempo que otro hace los primeros trazos de un mensaje gigante que el pueblo de este barrio le envía para que lo acompañe en su viaje. Banderas grandes, medianas, pequeñas; de tela, papel; tricolores o rojas y negras comienzan a pasarse de mano en mano, se posan en hogares, cercas, instituciones.

Pasan las horas. El sol juguetón aparece, saluda, como recordándonos que él no podía estar ausente un día como hoy. El pintor termina su Fidel, lo ha unido a la estrella de la enseña nacional. El otro coloca el mensaje en lo más alto del techo de una vivienda: Hasta siempre querido amigo, Comandante.

Llegan los pioneros de uniformes rojos, azules, amarillos. Ellos también traen banderas, fotos. En sus rostros, en cintas de papel colocadas en sus cabezas se lee “Te queremos Fidel”, “Yo soy Fidel”, lo mismo que un poco más allá escriben unos obreros en sus ropas.

Llega el momento. Se divisan las primeras luces. Un mar de pueblo se coloca a ambos lados de la carretera central. Avanza lentamente la urna heroica. El silencio respetuoso es interrumpido cuando irrumpen con fuerza las notas de nuestro Himno Nacional. Se toman fotos, videos, todos quieren llevarse a casa el recuerdo del momento en que el amigo, el padre, el hermano estuvo cerca. De a poco se escucha unan voz que va creciendo, que sube y se convierte en torrente: Yo soy Fidel, que contagia y se multiplica de un extremo al otro.

Ya se alejan. Muchos ojos están enrojecidos, llorosos, muchas voces entrecortadas. Los vehículos se pierden de nuestra vista, pero el pueblo está aun allí, a ambos lados de la carretera central como si quisiera irse tras él, mientras repiten las palabras del cartel que lo despide: Hasta siempre, Comandante.