La caravana de la libertad a su paso por el poblado de Buenaventura, Holguín, el 2 de diciembre de 2016. Foto: AleagaDesde el poblado de Bocas, en el municipio de Gibara, llegó hasta Buenaventura la abuela Miriam Díaz Grass para compartir junto a sus familiares calixteños la emoción de ver pasar el cortejo fúnebre que trasladaba hacia la eternidad las cenizas del líder histórico de la Revolución.
“Vine con la convicción de estar mucho más cerca de mi Comandante, no para darle el último adiós si no para decirle hasta pronto porque bastante que ha hecho y hace por los humildes”, expresó emocionada.
“Soy hija de padres muy humildes que tuvieron que trabajar duro para la subsistencia familiar; cuando el criminal Sosa Blanco pasó en el cincuenta y ocho por mi pueblo me quemó mi casita de madera con todas las pertenencias; tuve que huir para el monte con mi hijo de 45 días para evitar que la metralla nos matara”, comentó.
“Pero a un primo hermano de mi padre lo quemó vivo Sosa Blanco porque transportaba alimentos para su madre enferma. Lo acusaron de que eran para los rebeldes, los barbudos de Fidel; lo amarraron con alambre de púa al horcón de un rancho, le echaron paja de frijol, y le prendieron candela; un humilde y pobre hombre”, dijo.
“A los pocos días del triunfo de la Revolución llegaron brigadas de constructores y edificaron viviendas a las familias que las perdimos, y eso solo fue posible porque llegó el gobierno del Comandante que tanto ha hecho por los desposeídos, por los pobres de la tierra. Soy de las agradecidas que llora por la pérdida, pero con la seguridad de que su legado permanecerá por siempre en nuestros corazones,” aseguró con lágrimas en las mejillas.