Reparación de equipos eléctricos en el taller de Buenaventura. Foto: Aleaga.Reparación de equipos eléctricos en el taller de Buenaventura. Foto: Aleaga.A propósito de conmemorarse el X aniversario de la Revolución Energética en Cuba, ahora.cu conversó con Olayda Rubio Torres, una de las dos mujeres que en la provincia se desempeñan como Técnica Integral, dentro de los Talleres donde se reparan enseres menores.

En plena faena se rompe el equipo. Alguien dice que no tiene arreglo y empieza cierto “dolor de cabeza”. La alteración se viste de hombre y se traslada al taller matriz del municipio de Calixto García. Persiste la intranquilidad, incluso ya en la mesa y con la técnica delante. Es mujer y eso lo pone tenso. -Qué pasará con esa olla- piensa. Cada soldadura y cambio de cables deja ver nuevos resultados, está funcionando. Ella ha conseguido “bajarle los humos” e inspirarle confianza. Tanto que la premia con un -gracias, es muy buena en su trabajo- y le asegura convertirse en su cliente fijo.

Foto: Javier Mola.Foto: Javier Mola.Al occidente de la provincia y en el corazón del taller encontramos a Olayda Rubio, calixteña abnegada a su oficio, ejemplo de trabajadora, madre, patriota y mujer.

Lleva 31 años en esa actividad y es fundadora del Programa Energético. Preocupada por la comunicación cliente-taller se asegura de brindar lo mejor y a su alcance. “Lo más complejo es la falta de piezas, principal motivo de disgusto en la población. La variedad de equipos es amplia, a ellos se suman los de las tiendas en divisa, lo bueno es que la mayoría son compatibles de un modelo a otro.

“Por tener un oficio estudié electrónica general en el tecnológico Eduardo García, en La Habana. Me decidí por la especialidad de televisión hasta que surge el Programa y me sumo a él. Pero, me es genética la laboriosidad, pongo una lámpara, cable… lo que sea, y soluciono cualquier avería del hogar, porque no le temo a la corriente.

“Desde muy joven asumí el sustento del hogar, porque era la única con posibilidad de hacerlo. A los tres años de graduada ya casi tenía terminada mi casa, porque yo misma cargaba bloques y batía mezcla cuando hacía falta. Y cuánta satisfacción da lo ganado con esfuerzo y sacrificio, aunque sin lujo, es lo más amado.

De sus dos hijos, uno es informático, el otro aspira a veterinario, pero la herencia no se niega, por lo que el mayor, digamos que por observación, ha “domado” también la electrónica. Entre el acento de buena oriental y guerrera destila la mujer profunda, preparada, firme, capaz de afrontar la vida y asumir roles.

“No me dejo pisotear por nadie. Me he enfrentado a la crianza de mis hijos y a muchos retos. La mujer debe valerse por sí misma ante la sociedad para no tener que aguantar el irrespeto masculino.

A mis muchachos los eduqué de forma tal que cada uno es responsable de la organización de su cuarto. Ellos saben valerse solos, para no sobrecargar a la mujer. En mi trabajo siempre he sido querida y respetada por los hombres, eso lo he logrado a través de igual respeto y cariño”.

Olayda fue cuadro de la FMC, jefa de bloque en su zona de residencia, secretaria del núcleo del PCC en su empresa y ha ocupado cargos en los CDR. Ante el llamado revolucionario, sin conocimientos de economía, asumió la administración de la Atelier de su municipio, donde obtuvo resultados positivos y logró unir al colectivo de trabajadores mediante el optimismo que la caracteriza. “La vida se enfrenta sin miedos o temores. El día que no pueda hacer fuerza, ocupo otro puesto, pero no me dejo derrotar”, destacó.

Detrás de la obrera está la mujer a quien le gusta lucir bien, arreglarse… Sus manos confirman el andar de tuercas entre los dedos y las huellas marcadas por las herramientas. Heridas, rasguños, cicatrices… la acompañan durante cada jornada. Sin embargo, para ella no es motivo de amedrentamiento.

“Por los años de uso o mala manipulación de los equipos, se calcinan los tornillos y se hace difícil maniobrarlos, no imposible, porque yo lo hago, y cuando hace falta ayuda de un compañero, la pido; pero son mis manos quienes pagan las consecuencias, hasta mis brazos se lastiman. No tengo uñas largas, lo que no me aflige, y tampoco las puedo tener siempre arregladas. Eso sí, me lavo hasta diez veces las manos al día y entre un cliente y otro”.

Del trabajo a la casa

“Me considero una mujer de trabajo y de casa. Me encanta cocinar. Combino todas las tareas sin que sea agotador, sino placentero. No me quise patentar, porque la casa también requiere de mí. Ah… si un vecino necesita arreglar algo, le hago el favor, eso es otra cosa”, afirmó.

A sus 49 años se muestra dispuesta y con espíritu juvenil. Concentrada, enfrascada en sus metas, extremadamente esforzada, al punto de no hablar de más satisfacción que el quehacer. Un poco tímida quizás, lo revela su sonrisa.

“Las mujeres de hoy somos capaces de representar nuestro trabajo y asumir diferentes ocupaciones a la vez”, digna Mariana de estos tiempos es Olayda, quien pone el pecho a cada circunstancia.

Del Programa energético he visto las dos caras, como técnico y ama de casa. Realmente los equipos son de gran utilidad en la cocina y más higiénicos. Con la introducción del nuevo módulo de cocción también nos hemos preparado para asumir cualquier desperfecto.

Hasta el mes de octubre del año pasado Olayda era la única mujer dedicada a esta tarea en Holguín y en la formación de la segunda también ha ayudado cuando ha sido preciso. La satisfacción del cliente por la calidad del servicio, para ella, es lo más gratificante y asegura que son los hombres quienes más elogian su trabajo.

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